Regina terminó de platicar y acordar con Romeo la fecha y el lugar para la fiesta.
Romeo y su esposa no perdieron tiempo y se pusieron manos a la obra para organizar todo.
Después, Regina también le contó la noticia a Isabella, Oriana y a sus hermanos. Todos se alegraron mucho por ella.
Por supuesto, no faltaron las preocupaciones; todos tenían cierta inquietud. Temían que la familia Beltrán pudiera ser como la familia Jiménez, así que le advirtieron a Regina que, si llegaban a tratarla mal, estarían de su lado sin pensarlo dos veces.
Sin embargo, Regina sentía que la familia Beltrán era diferente. Había notado que la trataban con sinceridad. Desde que se separaron, no dejaban de mandarle regalos de todo tipo. Aunque estaban ocupados organizando la fiesta, los detalles y obsequios nunca faltaron.
Pasaron algunos días y Demian regresó de su viaje.
Salieron a cenar juntos, pero esta vez fue en casa. Demian se había esmerado y preparó una cena a la luz de las velas. Sentado frente a Regina, la miraba con una expresión intensa, como si tuviera algo atorado en la garganta que no se animaba a decir.
A Regina le bastó verlo para sentir que había algo raro. Antes de que él pudiera abrir la boca, ella se adelantó:
—¿Quieres hablar del divorcio, verdad? Puedes decírmelo de frente, no tienes que andar con rodeos. No te preocupes, no pienso aferrarme a ti. Desde que me dijiste que no querías hijos, ya lo entendí todo.
Demian se quedó de piedra. La miró sorprendido y soltó:
—¡Regi! ¿Por qué piensas eso?
Él jamás le había dicho que quería divorciarse. Solo quería ser honesto y contarle algo importante. Había cosas que ella aún no sabía, pero que tarde o temprano debía conocer. Últimamente, Demian había estado planeándolo todo para asegurarse de que, cuando él ya no estuviera, el futuro de ella no quedara a la deriva.
—¿Y entonces? —preguntó Regina con desconcierto—. ¿Cómo quieres que piense?
—¿A poco no quieres divorciarte de mí? ¿No que ya encontraste a tu gran amor imposible? ¿No que últimamente andas todo el tiempo con ella?
—No te preocupes, yo ya lo sé —agregó, bajando un poco la mirada.
—La quieres mucho. Desde que me casé contigo lo supe, siempre tuviste a esa persona especial en tu corazón.
—Tienes un cuarto aquí que siempre mantienes cerrado. Seguro lo tienes lleno de recuerdos de ella, ¿o no?

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