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El Ángel Guardián a Mi Lado romance Capítulo 1009

—Ahora no es momento de buscar culpables —dijo Demian, exhalando el humo de su cigarro y mirando a Óscar con seriedad—. No puedes dejarte caer así, aunque quieras cuidar de ella, primero deberías arreglar tus propios asuntos.

—Mientras siga viva, existe la posibilidad de que despierte —respondió Óscar, bajando la mirada.

—No importa cuándo despierte, tú tienes que estar listo para darle todo lo que necesita, ¿no es cierto?

—Si te dejas vencer y el día que abra los ojos no tienes nada, ¿crees que la harías feliz?

—Ocúpate de tus cosas y levántate. Eso hará que ella tenga más motivos para despertar. Además, cuidar de ella y arreglar tus propios asuntos no se contradicen.

Demian lo miró fijamente. Su voz sonaba firme, como si buscara sacudirlo desde dentro.

—Mira, Óscar, estoy seguro de que Isabella te quiere mucho. No creo que quisiera verte hecho polvo por su culpa. Y seguro que tu familia tampoco estaría de acuerdo con eso.

Óscar soltó un suspiro, el cigarro casi consumido entre sus dedos.

—Lo sé… Solo que no tengo ganas de hacer nada de eso.

—Pero tienes razón. No hay excusas.

—Tengo que salir adelante, por Isa, por mí, por mi familia… Ya estuvo bueno de ponerme así.

—Estoy seguro de que a ella tampoco le gustaría verme tan decaído.

—Quizás… hasta quiera verme así, de pie, luchando. Y si lo logra ver, quién quita y hasta despierte.

Demian asintió y le dio una palmada en el hombro.

—Eso es, Óscar. Me alegra que lo entiendas.

Ya no hicieron falta más palabras. Fumaron en silencio hasta terminar el cigarro. Entonces Óscar dijo:

—Voy a verla otra vez.

Demian asintió y estaba por acompañarlo cuando, al levantar la vista, vio a Saúl.

Saúl había llegado sin hacer ruido, y los observaba con la mirada profunda, fija en Demian. No se sabía desde cuándo estaba ahí, pero su presencia se sentía pesada.

—¿Qué quieres? —preguntó Demian, frunciendo el ceño al notar la tensión en el aire.

Saúl se acercó y lo encaró de frente. Su mirada seguía clavada en él, intensa, como si quisiera atravesarlo.

Pasaron varios segundos antes de que Saúl abriera la boca:

—¿Alguna vez le has fallado a Regi?

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