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El Ángel Guardián a Mi Lado romance Capítulo 1020

—Así es, esto requiere de mucha habilidad, la mayoría ni siquiera podría intentarlo —comentó uno de los médicos, asintiendo con respeto.

—La doctora Regina dice que tiene ochenta por ciento de probabilidades de éxito, ¡eso sí que es impresionante! —añadió otro, sin poder disimular su admiración.

—Doctora, ¿podríamos presenciar la cirugía cuando la realice? O, mire, podríamos ayudarle como asistentes, si no le incomoda —se animó uno de los especialistas, mirando esperanzado.

—Sí, podríamos ayudar como asistentes. No por nada estamos aquí, somos de los mejores, créame —secundó otro, dejando claro su entusiasmo.

Todos miraban a Regina con ansias, temiendo que ella los rechazara.

La curiosidad era inmensa; querían ver con sus propios ojos la destreza de Regina, entender cómo era posible que fuera tan buena en su trabajo.

Regina, al escuchar sus palabras, sonrió levemente y asintió.

—Por supuesto, pueden estar presentes. La verdad es que necesito manos expertas. Si están dispuestos a ser mis asistentes, me harían un gran favor —dijo, devolviendo el cumplido—. Sé que todos ustedes son muy capaces.

Con esas pocas palabras, Regina logró que todos se sintieran valorados y contentos.

Al principio, todos creían que jamás podrían igualar a la doctora, pero al oírla decir que los consideraba personas de gran talento, sus ánimos subieron como espuma. De pronto, Regina no solo era hábil, también sabía cómo tratar a las personas.

—Los agradecidos deberíamos ser nosotros, doctora —replicó uno de los especialistas, con una sonrisa amplia.

—Si llego a ver el éxito de esta cirugía, me sentiré más que satisfecho —comentó otro, con los ojos brillando de expectativa.

—Claro, esto es un honor. Si podemos presenciar la operación de la doctora Regina, será una experiencia única —agregó uno más.

—Con el prestigio que tiene la doctora, cuando la gente sepa que estuvimos de asistentes en su cirugía, ¡ni se imagina la cantidad de colegas que nos van a envidiar! —dijo el más joven, bromeando y generando algunas risas.

La emoción y el bullicio llenaban la sala. Cada quien agregaba su comentario, todos llenos de entusiasmo.

Mientras tanto, Demian no participaba en la conversación, pero su mirada hacia Regina era elocuente. Había orgullo en sus ojos. Regina era su esposa. Y su esposa era tan admirable que había dejado boquiabiertos a estos expertos solo con un par de frases.

Cuando ella hablaba de trabajo, tenía ese aire decidido, casi imbatible. Daba la impresión de que todo lo tenía bajo control.

—Si van a operar, hay que hacerlo cuanto antes —intervino Demian, rompiendo el murmullo de la sala.

Regina lo miró, y luego volvió la vista a los presentes.

—Por la presencia de la toxina en su cuerpo, si no intervenimos de inmediato, la situación se complicará más y las condiciones para operar serán mucho más desfavorables —advirtió, con la voz firme.

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