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El Ángel Guardián a Mi Lado romance Capítulo 1053

Astrid era una persona curiosa, de esas que a nadie dejan indiferente.

Al principio, se había hecho la idea errónea de que Regina y Sebastián tenían algo más que la pura hermandad. Y como a ella le gustaba Sebastián, de inmediato vio a Regina como su rival en amores.

Pero apenas descubrió que entre Regina y Sebastián no existía nada romántico, que en realidad solo eran hermanos, la situación dio un giro inesperado: Astrid empezó a encariñarse con Regina.

Durante los días siguientes, Astrid no se despegó de Regina ni un segundo.

Antes, tanto Sebastián como Eliseo querían estar cerca de Regina. Pero en cuanto apareció Astrid, ella acaparó por completo la atención de Regina, dejando a los dos hombres fastidiados y con cara larga.

Después de varios días de ver cómo Astrid se adueñaba de Regina, Sebastián terminó por perder la paciencia.

—¿Por qué te la pasas pegada a mi hermana? —le lanzó, sin filtro.

—¡Es mi hermana, no tuya! —remató, como si eso cerrara cualquier discusión.

Cada vez que Sebastián quería platicar algo con Regi, cada vez que deseaba compartir un momento a solas con ella, o simplemente disfrutar de su compañía, Astrid se interponía. La jalaba para ir quién sabe a dónde, le robaba tiempo, y Sebastián apenas podía cruzar palabra con su propia hermana. Ni siquiera a la hora de la comida tenía un momento privado: Astrid siempre estaba ahí, compartiendo la mesa con Regi y, si él no quería verla, no le quedaba de otra que comer lejos.

Sebastián había pensado que podría presumir frente a sus amigos lo bien que la pasaba con Regi, lo unidos que eran. Pero, para su sorpresa, ni siquiera había podido sentarse a desayunar con ella.

Y lo peor de todo era que, cada vez que le preparaba algo rico, alguna botana especial, o le conseguía algún regalo, Astrid se le adelantaba y Regi terminaba disfrutando primero lo que ella le daba.

Sebastián, mirando a Astrid, sentía que cada minuto aumentaba su desagrado. Le parecía la persona más molesta del mundo.

Aunque durante las grabaciones, ambos tenían que mantener las apariencias y actuar como si nada, fuera de cámaras, Sebastián no podía ocultar su antipatía y la forma en que la miraba lo dejaba claro: sus ojos destilaban hostilidad.

Astrid, por su parte, no se quedaba callada.

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