Boris se acercó a ella y le dijo suavemente: "Regi, te lo pedimos de corazón, es un pequeño favor que no requiere de mucho esfuerzo, por favor ayúdanos."
Regina le echó una mirada a Boris, pero no dijo nada, al fin y al cabo, él era igual que los demás.
"Regina, nuestra paciencia tiene un límite", dijo Camilo con un poco de irritación, "Cuando te pedimos un favor, lo mejor es que aceptes."
"¿Y si no?" Replicó ella, "¿Me vas a amenazar?"
Camilo la miró con los dientes apretados, pensando y pensando, pero no encontraba nada con lo que pudiera presionarla, porque ya no era la misma de antes. No trataría de complacerlos, ni empezaría a tratar de agradarles por cualquier muestra de afecto. Tampoco era una persona sin hogar, solo había que ver el lugar donde vivía, mucho más lujoso que el de ellos.
"Puedes intentarlo si quieres." Regina continuó, "Si logras amenazarme, entonces me rendiré."
Su hermoso rostro era inexpresivo, se veía completamente serena.
Eliseo tampoco se veía contento, nunca esperó que Regina fuera tan difícil de controlar, con Demian respaldándola, realmente podía hacer lo que quisiera.
"Regina, no deberías ser tan arrogante, ¿has pensado en las consecuencias? ¿Si algún día Demian te deja, no vendrías a pedirnos ayuda? Te estamos dando una oportunidad."
"No, ella no necesita pedirles ayuda." Desde atrás, se oyó una voz de repente. No se sabía cuándo había llegado Demian, pero entró con paso tranquilo, dominando la atmósfera. Con un aire de nobleza, se acercó a Regina y le dijo suavemente, "Amor, ya estoy de vuelta."
Ella asintió.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Ángel Guardián a Mi Lado