Los Jiménez regresaron a casa. Apenas se sentaron, sintiendo una mezcla de emociones, el teléfono de Boris comenzó a sonar y todos levantaron la mirada al unísono.
Camilo preguntó, "¿Es tu amigo? ¿Ha descubierto algo tan rápido?"
"Sí." Boris asintió, mirando su móvil antes de decir, "No hablen, lo pondré en altavoz."
Sentían una sensación indescriptible en sus corazones. Si Regina realmente era tan poderosa y el club realmente le pertenecía o de verdad tenía algún tipo de imperio, estaban entre la expectativa y la renuencia.
Por un lado, esperaban que tuviera mucho dinero y negocios, pues quizás podrían obtener algo de ella, por otro, temían que aun teniendo tantos recursos, no les diera nada. Por supuesto, tampoco creían que Regina tuviera tal capacidad.
Si realmente era tan capaz, ¿no significaría eso que todos se habían equivocado con ella?
Aguardaban con la respiración contenida a que la llamada se conectara. No pasó mucho tiempo antes de que el amigo de Boris contestara, y al otro lado de la línea, la voz de su buen amigo resonó.
"Boris, ¡vaya, tu hermana es impresionante! Siempre he escuchado que tu familia no la trata bien, que prefieren a la hija adoptiva pero, ¡resulta que todo era mentira! Ustedes no son tontos, esa hija adoptiva no tiene nada, ¿por qué habrían de preferirla? En cambio, tu hermana, es tan discreta y poderosa, la han mantenido bien oculta. ¡Y es tan rica! ¡No entiendo cómo hay quienes dicen que ustedes no la quieren! ¡Caramba, si fuera mi hermana, la atendería como a una reina! No, alguien así no puede ser mi hermana, ¡definitivamente sería mi ídolo!"

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