Jacobo no le prestó más atención a sus amigos, estaba realmente agobiado.
Al día siguiente se casaría con Vanesa, pero no sentía ninguna alegría por ser el novio, además, iba a tener un hijo, y aunque no le molestaba la idea de tener descendencia, hacía tiempo que ya no sentía nada por Vanesa. Últimamente, ella solía amenazarlo recordándole que le debía su vida, lo que lo hacía detestarla aún más.
Jacobo bebió sin parar, como si quisiera ahogarse en alcohol.
Inicialmente, sus amigos estaban bromeando, pero al verlo así, intercambiaron miradas significativas y sin entender qué le pasaba, uno de ellos le dio una palmada en el hombro.
"Jaco, ¿qué sucede? No pareces el típico novio feliz. No me digas que todavía tienes sentimientos por Regina."
"¿No decías que te molestaba que te siguiera a todos lados? ¿No te ibas a casar con ella solo por las acciones que te prometió tu abuelo?"
Jacobo sonrió con amargura mientras sostenía su copa. "No, antes no lo sabía, pero ahora sé que la amo. Qué tonto he sido al no saber a quién quiero realmente. Además... ella es mucho mejor de lo que imaginaba."
Jacobo bajó la mirada, solía pensar que Vanesa era maravillosa, pero ahora se daba cuenta de que no era nada, nunca le gustó realmente, solo fue una ilusión causada por las manipulaciones y engaños de esa mujer. Si hubiera sabido antes lo que realmente sentía, no habría huido el día de la boda.
Recordó la imagen de Regina corriendo hacia los brazos Demian, y su corazón latió con fuerza. ¿Por qué no corrió hacia él? Si solo hubiera corrido hacia él, habría sentido que tenía el mundo entero a sus pies.
"Lo que dices me recuerda que un amigo investigó a Regina y me dijo que el Club del Tigre es de ella."
"¿En serio?"
"No solo el Club del Tigre, dice que tiene muchas otras propiedades, ella sola tiene más dinero que la familia Jiménez, ¡está a la par con Demian!"

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