"¡Demian, te vas a arrepentir!" Exclamó Patricia, furiosa, señalándolo con el dedo. "¿Crees que vale la pena ofender a mi padre por una mujer? Mi papá claramente te pidió que me trataras bien, y si sigues así, se lo diré. No hablaré bien de ti como solía hacerlo."
Regina miró a Demian con cierta incertidumbre, no tenía claro qué tipo de relación tenía esta mujer con él. ¿Acaso el padre de esa mujer era tan influyente en la región? ¿Realmente podría impedir que Demian colaborara con su padre?
Regina se había dejado llevar por la ira al pensar en Elián, pero ahora intentó calmarse. No estaba segura de sí le había causado problemas a Demian. Sus ojos buscaron los de él, preguntando silenciosamente si había hecho algo mal.
Sin embargo, él no soltó su mano, de hecho, la levantó, mostrando sus anillos a Patricia. "Ella es mi esposa, y la protegeré toda mi vida."
"¿Qué?", exclamó Patricia, sin ocultar su indignación. "No me importa si es tu esposa. Si no quieres ofender a mi padre, debes disculparte y hacer que ella se arrodille ante mí."
Patricia seguía siendo irracional y caprichosa, aunque ella había iniciado el conflicto, no veía sus errores, tampoco aceptaba que Demian le perteneciera a otra persona; él debía ser suyo, su futuro esposo.
"Quédate tranquila, dile lo que quieras a tu padre. No es que yo esté rogando por colaborar con él. Sé que también necesita una alianza, y sin mí, quizás no tenga mejores opciones. Sin embargo, realmente te quiere, y que finalice nuestra sociedad por ti, no es imposible. Pero, para mí, mi esposa es más importante que cualquier colaboración. En mi corazón, ella es lo primero, y si algo le afecta, todo lo demás pasa a segundo plano."

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