Demian aún no había dicho nada, pero Regina ya no podía quedarse sentada tranquila. Sus amigos realmente no temían a la muerte. ¿Acaso pensaban que podían amenazarlo?
Además, el asunto del matrimonio había sido una petición suya a Demian. El hecho de que él aceptara casarse con ella ya era motivo suficiente para agradecerle, ¿cómo iba a atreverse a exigirle más?
Él era el magnate más importante de la capital, un príncipe en su círculo que todos respetaban y temían. No solo en Clarosol sino en todo el país e incluso en el mundo entero, su influencia era indiscutible. Además, ella no conocía todos los detalles sobre su pasado, pero estaba clara de que no era un hombre común y corriente. Para Demian, aquel grupo de personas probablemente no era más que insectos, capaces de ser aplastados en cualquier momento.
"¡Saulito y Ori se pasaron con la bebida!" Regina se levantó con una sonrisa forzada y tiró de Demian. "Disculpa, tus amigos también deben estar esperándote, ¡vamos a salir!"
Demian se levantó, al ser arrastrado por Regina. Sin embargo, su mirada profunda se posó en Saúl, cuya hostilidad era evidente. Como hombre, esa actitud no podía ser más clara para él; la hostilidad, mezclada con celos y un tono de amenaza en sus palabras.
Le dio una mirada. Luego, sus ojos se desviaron hacia Oriana e Isabella.
"Por supuesto que me haré responsable de mi esposa."
Entonces, Regina, tirando de Demian, salió de allí, realmente temía que Oriana y Saúl, sin pensar en las consecuencias, causaran más problemas.
"No te preocupes, solo están preocupados por mí. Lo que Ori dijo sobre tu amor platónico, no me molesta y no voy a indagar más. Sé que me ayudaste porque yo te ayudé en el pasado, así que estamos a mano. Ahora tenemos un acuerdo y aunque, me permites ciertas libertades, lo entiendo. Has como si no escuchaste lo que ellos dijeron. Ya te lo dije antes, puedes pedirme que me vaya en cualquier momento. Si la mujer que realmente amas regresa, me iré sin dudarlo, sin arrastrar los pies ni guardarte rencor."
Regina sentía que siempre ocupaba el lugar del amor platónico de alguien más, y eso la hacía sentir un poco culpable. Además, el secreto de Demian era algo que nadie sabía, y ella tampoco quería saber.
Él no respondió, solo la miraba en silencio, con una mirada tan profunda que parecía casi molesta; esa prisa y ese miedo que mostraba hacia él, le desagradaba. Sus palabras, diciendo que en cualquier momento se iría, que cedería su lugar, también lo irritaban. Si hablaba así, significaba que realmente no le importaba, porque si realmente le importara, sería como con Jacobo, aferrándose sin querer irse.

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