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El Ángel Guardián a Mi Lado romance Capítulo 911

Después de salir del casino, Regina y Oriana se dirigieron directo a un karaoke.

Varios amigos de Regina, que también habían asistido a la subasta, la invitaron a cantar y a platicar de algunos asuntos de negocios, así que Regina llevó a Oriana con ella sin pensarlo dos veces.

Cuando entraron al salón privado, ya había bastantes personas reunidas.

Eran jóvenes y señoritas conocidos tanto dentro como fuera del país; todos ellos nombres que aparecían seguido en revistas y periódicos, y no pocos le debían algún favor a Regina.

—¡Regi llegó! —exclamó alguien apenas la vio entrar.

Enseguida, todos se pusieron de pie para recibirla con entusiasmo.

Oriana se quedó sorprendida. Sabía que Regina tenía un montón de amigos, pero jamás imaginó que tantos, y sobre todo gente tan famosa y poderosa, se reunirían así, como si fuera lo más normal del mundo.

Allí había celebridades del momento, cantantes reconocidos, jóvenes promesas del mundo financiero, herederos de familias influyentes tanto nacionales como extranjeras. Cualquiera de ellos, por sí solo, era motivo de noticia.

Oriana, algo nerviosa, se aferró del brazo de Regina y, por primera vez, dejó ver cierto temor en su rostro.

—¿De verdad conoces a todos estos? —susurró.

—Sí, todos son mis amigos —respondió Regina con una sonrisa tranquila—. Todos están ocupadísimos, y casi nunca hay oportunidad de vernos. Aprovechamos la subasta para juntarnos un rato. No te preocupes, son personas súper accesibles.

—¡Pero son todos pesos pesados! —reviró Oriana con voz baja.

La familia Uribe era reconocida en su país, pero comparada con esos nombres que tenían peso en todo el mundo, la diferencia era abismal. Se sentía totalmente fuera de lugar.

—También son personas comunes y corrientes —dijo Regina, sonriendo—. Además, ni a Demian le tienes miedo, ¿verdad?

—¡Eso es porque ya lo conozco desde hace tiempo y es tu esposo! No le tengo miedo porque ya sé cómo es —bufó Oriana, intentando relajarse.

Regina soltó una risa cálida y le dio una palmadita en la mano.

—Estos también son mis amigos, así que tú tranquila, que aquí nadie te va a comer.

Después, tomó a Oriana de la mano y la presentó ante todos con voz alegre y clara:

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