Cuando varios meseros llegaron con las botellas de licor, ya había un buen grupo de personas rodeando a Regina y Salomé.
Todos los presentes miraban llenos de expectativa.
La noticia del reto de tragos se había regado como pólvora.
En cuestión de segundos, todos sabían que estaban a punto de enfrentarse bebiendo.
La familia Uribe ya estaba enterada, los amigos de Regina también, y hasta Pablo lo supo.
Feliciano y su grupo también recibieron la noticia.
Por supuesto, Romeo y sus amigos tampoco se quedaron atrás.
El salón no era tan grande; un rumor así se esparcía en un abrir y cerrar de ojos.
La multitud se arremolinó alrededor de las dos.
Oriana se acercó a Regina, con el ceño arrugado por la preocupación.
—Regi, ¿de verdad vas a retarla? Esa Salomé de la familia Beltrán es de cuidado, siempre la han preparado para todo y dicen que es buena en cualquier cosa. Si ella fue quien propuso el reto, seguro trae algo planeado.
—Sí, Regi, mejor déjalo así. Tomar tanto no te va a hacer bien —agregó Clemente, que la miraba con cara de angustia.
—Eso, Regi, ni vale la pena —intervinieron también los padres de Regina.
Detrás, los amigos de Regina pensaban distinto.
—Déjenla, no pasa nada. —Uno de ellos sonrió confiado—. Yo apuesto lo que sea a que Regi gana.
—En este mundo, si de tomar se trata, nadie le gana a ella. Para Regi, el licor es como agua.
—Exacto, puede con eso y más.
—Nuestra Regi nunca ha perdido en estas cosas.
—Por muy bien que la hayan entrenado a la hija de los Beltrán, no es como si fuera inmune al alcohol. Pero Regi, esa sí que nunca se dobló.
Entre risas y comentarios, todos coincidían en que Regina ganaría sin sudar la gota.
Ella, en cambio, se mantenía tranquila, sin decir palabra de más.

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