¿Qué podría haber entre Regina y Enzo?
Pablo está aquí.
Pablo es de la gente cercana a Demian. Si el señor Morillo no valorara tanto a Regina, ¿cómo iba a permitir que Pablo estuviera siempre a su lado?
Además, si hasta Pablo habla a favor de Regina, entonces seguro que no hay ningún problema.
Quedó clarísimo que la que estaba inventando cosas era Aitana.
—Esta señorita Aitana seguramente se siente menos que nuestra señora, por eso anda inventando chismes —comentó alguien, con una sonrisa burlona.
—No es de extrañar que siempre quede por debajo de nuestra señora. Si no es para inventar cosas, ¿para qué más sirve? —añadió otra voz, entre risas disimuladas.
Pablo soltó una leve carcajada.
La gente alrededor intercambió miradas de comprensión, y las miradas que le dirigían a Aitana estaban cargadas de burla e ironía.
Resultaba imposible no sentirse fastidiado por Aitana.
—¡Pura mentira lo que dijo!
—Si estos chismes se esparcen, ¿no terminarían por destruir la relación de pareja de los demás?
—Sí, tienes razón. El señor Morillo y Enzo serán rivales, pero ni de broma harían algo tan sucio.
—Así es.
Aitana sentía que se ahogaba, le faltaba el aire.
En ese instante, Camilo salió disparado de entre el gentío, con el rostro lleno de pánico:
—¡Señor Heredia, suéltela! ¡Aitana se está ahogando!
Enzo ladeó la boca en una mueca desdeñosa.
Le lanzó una mirada a Camilo y soltó con voz dura:
—Cuida a esta inútil. Si vuelve a meterse conmigo, les juro que la familia Jiménez va a arder en el infierno.
Sin más, arrojó a Aitana hacia los brazos de Camilo.
Después, con gesto de asco, tomó una toallita húmeda que le pasó Noé y se limpió las manos con fuerza.
Aitana cayó desmadejada en los brazos de Camilo y luego se desplomó en el suelo. Le costaba respirar, las lágrimas de la desesperación le empañaban la mirada.
Su cuerpo temblaba, sin poder controlarse. Entonces, bajo ella, se formó un charco: se había orinado encima.
Al verlo, la gente alrededor soltó gritos de sorpresa.

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