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El Ángel Guardián a Mi Lado romance Capítulo 955

—Ay, Aitana, tu gusto sí que está feo. ¿Cómo puedes fijarte en alguien como Mauricio? —Oriana soltó la burla con la naturalidad de quien tira gasolina al fuego.

A su alrededor, la sorpresa estalló como chispas entre la multitud. Las cabezas se juntaron, los murmullos flotaron en el aire, cada quien deseando enterarse de más chismes.

—¿Que Aitana tiene novio? ¿Y aun así anda con Mauricio? —alcanzó a decir una chica, tapándose la boca con la mano.

—No lo puedo creer, ¿cómo puede meterse con alguien como Mauricio? Si su fama apesta, todo el mundo lo sabe. —El asombro se iba multiplicando con cada comentario.

—Esto sí es inesperado.

—Estoy en shock.

Los cuchicheos llenaron la habitación como un enjambre de abejas, y cuanto más se hablaba, más extraña parecía la situación. Nadie podía imaginarse a Aitana haciendo algo así, y lo peor era que todos sabían que tenía novio. ¿Cómo podía terminar en la cama de Mauricio, el tipo más despreciado de la universidad?

Algunos recordaron la última vez que Aitana hizo un escándalo y, al recordar lo mal que había quedado entonces, ya no les sorprendía tanto. Era como si todo encajara: si alguien podía hacer semejante ridículo, tenía que ser ella.

...

Aitana, entre tanto, empezó a recobrar la conciencia. Miró a su alrededor, incrédula, y vio la cantidad de gente apiñada en la puerta. El pánico le subió a la garganta. ¿Por qué había tanta gente? ¿Acaso Regina, esa desgraciada, había planeado esto?

Su cara se tornó roja de rabia y vergüenza. Se cubrió desesperada con la sábana, buscando protegerse aunque fuera un poco del espectáculo.

—¡Lárguense! ¡Todos, fuera de aquí! —gritó fuera de sí, con la voz quebrada por el miedo y la humillación.

...

En ese momento, Camilo irrumpió en el cuarto. Se plantó frente a Aitana, los ojos enrojecidos, mirándola como si no pudiera reconocerla.

—¿Con cualquiera te metes a la cama? ¿De verdad eres así de sucia? —le lanzó la pregunta como si le costara decirlo, como si cada palabra le doliera.

No podía creerlo. Ella siempre le había dicho que lo quería, que quería estar con él. Habían sido pareja, y él, ingenuo, pensó que lo suyo era serio. Que ambos se amaban.

Pero ahora, ¿qué era esto? ¿Cómo podía ella estar con otro a sus espaldas?

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