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El Ángel Guardián a Mi Lado romance Capítulo 963

—Isa recibió un balazo, la situación está muy grave, los doctores de allá no pueden hacer nada con eso.

Oriana miró a Pablo, las cejas fruncidas de pura rabia.

—Por eso Óscar llamó a Regi —añadió, con voz tensa—. Regi tiene experiencia en estas cosas, y además, Isabella es importante para nosotros. No podemos dejar que le pase nada.

Soltó un bufido, los ojos brillando de coraje.

—¡Todavía quiero saber por qué Óscar es tan inútil! ¡Ni siquiera pudo proteger a su propia aprendiz! Si estuviera aquí, te juro que le daba una patada que lo dejaba inútil —masculló, apretando los dientes con tanta fuerza que parecía que iba a romperlos.

Oriana de verdad estaba furiosa. Isabella siempre había estado con Óscar, desde niña, como si fuera su sombra. Se suponía que él debía cuidarla, pero ahora, después de ese accidente tan grave, todo se sentía como una traición.

Si hubieran sabido que algo así iba a pasar, jamás habrían dejado que Isabella aceptara esa última misión. No valía la pena. Y, siendo sinceros, Isa no era ninguna novata: quizás no lograba cumplir cada encargo a la perfección, pero siempre se las arreglaba para salir viva.

Cuando Isa todavía no era buena tiradora, Regi incluso se tomó el tiempo de entrenarla. De vez en cuando, Regi también le enseñaba cómo defenderse, y ambas llevaban consigo unos medicamentos especiales que Regi les preparaba. En momentos críticos, esos remedios podían salvarles la vida.

Pero esta vez, Óscar tuvo que llamar. Eso solo podía significar una cosa: ni las medicinas de Regi funcionaron, y el estado de Isabella era realmente grave.

A Oriana se le revolvió el estómago al pensarlo. La rabia la hacía apretar los puños y se sentía impotente, como si todo lo que podía hacer era resoplar.

Óscar, ese inútil, no pudo protegerla. Y ahora, no quedaba más remedio que esperar a que regresaran y enfrentar la situación en persona.

...

—Entonces, ¿la señora fue para allá sola? ¡Eso es peligrosísimo! —exclamó Pablo, que apenas podía ocultar su preocupación—. Maristela está hecha un caos, cualquier cosa puede pasar. ¡La señora es tan guapa, ir sola a ese lugar solo puede traer problemas!

Empezó a caminar de un lado a otro, como león enjaulado.

—¡Maldición! ¡Debí haber ido con la señora! Si yo hubiera estado ahí, al menos podría ayudarle a salir de cualquier lío —gruñó, apretando los puños—. ¡No debí dejarla ir sola!

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