—¿Todavía hay tiempo? ¿Cómo está ella?
Óscar ni siquiera alcanzó a tomar un trago de agua, y sin esperar la respuesta de Regina, se fue directo hacia la habitación.
Al ver a Isabella dormida tranquilamente, una sombra de decepción cruzó por sus ojos.
Pero al notar que ella se veía en paz, volvió a sentir un rayo de esperanza.
Por lo menos, no parecía estar en peligro inminente.
Con Regina aquí, seguro lograría que Isabella despertara.
—Sí, todavía hay tiempo —aseguró Regina, lanzándole una mirada rápida a Óscar—. ¿Te mordió una serpiente?
Óscar, por reflejo, escondió su mano detrás de la espalda.
Quiso negarlo, pero antes de que pudiera decir nada, Regina ya le había lanzado un frasco de medicina.
—Tómalo, tu situación es más sencilla que la de Isa. Con esto te vas a recuperar.
—Ya te lavé la herida, ahora quédate aquí y cuida a Isa. Platica con ella, háblale mucho, así va a despertar más rápido.
Regina agregó:
—Voy a usar tu laboratorio, necesito extraer un poco de suero.
Óscar tomó el frasco, murmuró un gracias y asintió con la cabeza hacia Regina.
Parecía que quería decir algo más, pero se quedó callado.
Regina se puso a trabajar en el laboratorio, extrayendo el suero. Ese proceso le tomó varias horas.
...
Cuando Pablo llegó, Regina acababa de terminar con el suero y ya tenía lista la medicina que le daría a Isabella.
Al escuchar la voz de Pablo afuera, Regina salió.
Apenas cruzó la puerta, vio a Pablo parado en medio del patio, todo desaliñado, discutiendo con los hombres de Óscar. Como no lo conocían, no lo dejaban pasar.
—¡Señora! —En cuanto Pablo la vio, se le llenaron los ojos de lágrimas y su voz tembló—. ¡Por fin la encontré!
—¡De verdad me alegra que esté bien!

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Ángel Guardián a Mi Lado