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El Arquitecto De Mi Refugio (Vanessa y Rafael) romance Capítulo 1299

Bianca lo miraba con ferocidad. Parecía una flor preciosa y espinada. A Sergio le dolió, pero no mostró ningún signo de dolor; lo único fue que no se esperaba que ella de verdad fuera capaz de morderlo tan fuerte.

Bianca no lo soltó hasta que un sabor dulzón a sangre se extendió por la boca de los dos.

—Sergio, terminemos en buenos términos. No hagas que te odie.

Se notaba que Bianca estaba decidida. Sergio le sujetó la cara por las mejillas para obligarla a mirarlo a los ojos, y la examinó con esos ojos tranquilos, como si quisiera descifrarla. Se le quedó mirando unos segundos, se rio con burla, la soltó y se fue.

No dijo ni una palabra. La última mirada que le dirigió a Bianca fue altiva. Bianca se asustó. Tuvo la sensación de que esta vez él se iba para siempre. Solo de pensarlo, se le detuvo el corazón.

Solo cuando escuchó que la puerta se cerraba, Bianca se dejó caer sentada en la cama, sin fuerzas y un poco pálida. Se le había pasado la borrachera.

Sergio se fue manejando y llamó a Leonardo para invitarlo a beber algo. El bar estaba más animado que de costumbre. En el privado de lujo del segundo piso, Leonardo vio a Sergio con esa cara de indiferencia y se imaginó que algo había pasado.

—¿Se pelearon?

Sergio no respondió. Leonardo insistió:

—¿Terminaron?

Sergio tomó la copa que tenía enfrente, echó la cabeza hacia atrás, se la bebió de un trago y la dejó en la mesa.

Tenía tanto resentimiento que ni el ánimo festivo de las celebraciones de Año Nuevo parecía capaz de aplacarlo.

—No me digas que te pusieron los cuernos, ¿o qué?

Leonardo chasqueó la lengua y se echó hacia atrás en el asiento, con cara de aburrimiento. Para Sergio, el silencio era oro. Siguió sin contar nada. Leonardo se dio por vencido.

—Está bien, si no quieres hablar, me iré a casa a pasar Año Nuevo.

Lo habían sacado a esas horas de la noche para estar con un mudo. Qué manera de arruinarle el ánimo.

—¿Y en tu casa hay alguien que te haga caso? —Sergio siempre daba en el clavo con lo que decía.

A Leonardo eso le cayó mal.

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