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El Arquitecto De Mi Refugio (Vanessa y Rafael) romance Capítulo 996

Vanessa suspiró con desprecio:

—No hace falta que digas nada si no quieres. Yo puedo resolver este asunto, ¡pero ni sueñen con recibir un solo centavo!

La expresión severa de Vanessa asustó bastante al padre de Bianca. Cuando se levantó por la mañana, ya no encontró rastro del escándalo sobre Bianca. Era evidente que la otra parte no había logrado su cometido.

Si no conseguía los ciento cincuenta mil dólares restantes, estaría acabado. Tras analizar la situación, el padre de Bianca terminó por ceder.

—Está bien, hablaré.

A continuación, el hombre contó sin omitir nada cómo alguien lo había contactado para prometerle dinero con la condición de arruinar a Bianca.

Al escucharlo, Vanessa y Bianca cruzaron miradas. Sus sospechas eran ciertas. Sin embargo, el padre no sabía quiénes eran esas personas; únicamente les entregó el número de teléfono del contacto.

—Esa persona fue la que siempre se comunicó conmigo y la que me dio los ciento cincuenta mil dólares en efectivo —explicó el hombre—. No sé quiénes son.

El padre de Bianca comenzó a hacerse la víctima:

—Estaba entre la espada y la pared cuando hice esto. Si no consigo el dinero, los cobradores me van a matar a golpes. Tengan piedad de mí, ayúdenme, por favor. Bianquita, sé que estuve mal, pero ya tengo una pierna rota y aprendí la lección. Ten buen corazón y perdóname, ¿quieres?

Marta también intercedió, suplicante:

—Bianquita, mira lo mal que está tu papá. Apiádate un poco de él. Y tu hermano menor está a punto de entrar a la universidad; si no hay dinero, no podrá estudiar. Hicimos mal las cosas, pero si quieres, me pongo de rodillas ante ti con tal de que nos perdones...

Mientras hablaba, Marta intentó arrodillarse.

Bianca se quedó atónita.

Al ver a Marta arrodillada ante ella, inclinada hasta el suelo y con los ojos anegados en lágrimas, todo aquello le pareció de lo más ridículo a Bianca. En el pasado, todavía anhelaba recibir un poco de cariño.

Pero ahora solo quedaban decepción y una firme determinación.

—Marta, das pena.

Sin compasión, Bianca sentenció:

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