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El Arquitecto De Mi Refugio (Vanessa y Rafael) romance Capítulo 16

Capítulo 16 Lo había escuchado antes.

Vanessa abrió los párpados con mucha dificultad.

Entre su visión nublada, apareció la cara atractiva de Rafael.

Él se veía muy preocupado y la sujetó de los hombros con un poco más de fuerza.

—Resiste.

Su voz era profunda pero extrañamente se parecía mucho a la de aquel muchacho que ella recordaba.

—¿Eres... tú? —preguntó Vanessa mientras se estremecía por el dolor.

Como siempre había sido muy consentida, no pudo soportar el dolor y volvió a perder el conocimiento.

—¡Vanessa!

Rafael se aterró y una mirada de pánico se apoderó de él. Entonces, le gritó al chofer:

—¡Más rápido!

***

En el hospital, Vanessa tuvo un sueño muy largo; regresó a aquel día de hace diez años cuando estuvoa punto de ahogarse.

Un muchacho estaba sentado junto a ella en el suelo y se burlaba:

—Qué inútil eres, el agua estaba bien bajita y casi te mueres.

Recuperó el aliento y se quedó acostada, mirando cómo la luz del sol caía sobre la cabeza de él.

El joven tenía el cabello mojado, estaba descalzo y sentado con las rodillas dobladas. Tenía una mirada rebelde.

Ese rayo de sol pareció clavarse en el fondo de su alma y, desde entonces, aquel chico se quedó a vivir en su corazón.

Siempre creyó que ese joven era Alexis.

Sin embargo, tiempo después, él no dejó de hacerla sufrir, hundiéndola en un lugar del que ella intentaba salir desesperadamente.

Vanessa estaba acostada en la cama del hospital, arrugando la frente y moviendo la cabeza con inquietud mientras dejaba escapar quejidos de dolor.

—No tengas miedo, ya pasó—decía Rafael con suavidad mientras le apretaba la mano para calmarla.

Parecía que sus palabras estaban funcionando.

Se tranquilizó poco a poco, relajó la cara y abrió los ojos lentamente.

Rafael sintió que se le oprimía el pecho, pero su preocupación desapareció y sus ojos brillaron de alivio.

—¿Ya despertaste? ¿Cómo te sientes?

Vanessa apenas estaba reaccionando y, al verlo tan nervioso, pensó que estaba alucinando. Miró a su alrededor y los recuerdos de antes de desmayarse empezaron a volver.

—¿Qué me pasó? —preguntó con la voz reseca.

—Cuando pase algo así, lo primero que debes hacer es ponerte a salvo. Y lo segundo, defenderte.

Él la observó con una mirada profunda y agregó con suavidad:

—Y también pídele ayuda a mí.

Vanessa se quedó helada y lo miró con asombro.

Recordó que, en el pasado, cuando más apoyo necesitaba, Alexis siempre la criticaba y le echaba la culpa por ser caprichosa o impulsiva.

Por un momento pensó que Rafael también le daría un sermón.

De pronto, se le llenaron los ojos de lágrimas y sintió un nudo en la garganta. Para evitar que la viera llorar, agachó la cabeza.

—¿Qué tienes?

Rafael notó que algo estaba mal y se asustó, pensando que había dicho algo que la molestó.

Estaba tan confundido que levantó la mano para tocarla, pero la dejó ahí, sin atreverse a bajarla.

—¿Dije algo malo?

Vanessa, que seguía con la cabeza baja, no vio su expresión de duda. Logró controlar sus emociones y negó.

—No es eso. Rafael, pensé que me ibas a regañar.

Hizo un esfuerzo por tragarse la amargura y, cuando levantó la mirada, su expresión parecía normal, aunque forzó una sonrisa.

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