Capítulo 240 —Viéndolo así, Natalia es una necia. ¿Cómo se le ocurrió pensar que Vanessa y Rafael eran pareja?
—Yo digo que si una mujer que ni Alexis quiso, mucho menos la va a querer Rafael. Qué bueno que no me dejé engañar.
—¿Vanessa? ¿Te refieres a la muchacha que estaba detrás de Alexis?
Camila guardó la polvera y rio con desprecio.
—Nada más es una mocosa. A Rafael no le gustan de ese tipo. Además, nadie me lo va a quitar.
Anahí, al ver su aire arrogante y seguro, no dejó de darle la razón.
—Con la señorita Zárate presente, Rafael ni voltea a ver a otras mujeres. ¿Que está con Vanessa? Eso es un chiste...
Las dos se rieron con burla y salieron del baño taconeando.
Vanessa, al escuchar todo, sintió que las piernas no la sostenían.
Abrió la puerta del cubículo con la mirada perdida y caminó hasta el lavabo a lavarse las manos.
La cabeza le daba vueltas. Terminó de lavarse y se miró al espejo; de pronto, esbozó una sonrisa amarga.
Así que era verdad: ella no era más que la mujer que Rafael había elegido por conveniencia para casarse.
Nada que ver con el amor.
Solo porque era la heredera de los León, porque era adecuada.
Y lo más importante: porque al abuelo Antonio le caía bien, y la unión entre ambas familias traía puras ventajas.
Vanessa fue hacia la salida, y con cada paso que daba, el corazón se le iba enfriando un poco más.
Menos mal que escuchó todo eso, así no cometió la imprudencia de confesarle lo que sentía. Se habría puesto en ridículo.
De regreso a la mansión de la Sierra, Vanessa iba sin ánimo.
La ventanilla del auto estaba a medio bajar.
En cuanto subió, se recargó en el asiento y cerró los ojos, dejando que la brisa nocturna le acariciara las mejillas.
Como si así pudiera disipar todo lo que había acumulado en estos dos meses de convivencia con Rafael.
Él notó que parecía muy agotada y no quiso molestarla, pero no pudo evitar estirar la mano y tomar la de ella, que descansaba sobre su pierna.
Apenas la tocó, Vanessa la retiró sin vacilar, y esa frialdad le dolió a Rafael más de lo que esperaba.
—¿Qué pasa?
Habló grave; ella no supo si la había importunado o si algo le preocupaba.


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