Necesitaba desahogarse.
—Rafael, esta noche reconociste quién soy frente a todos y luego dejaste que me convirtiera en un chiste. ¿Por qué? Dices una y otra vez que Camila no es tu persona especial. Entonces dime, ¿por qué fuiste tan condescendiente con ella esta noche?
Incluso a costa de dejarla ganar terreno. Se suponía que ella era la elegida, sin lugar a dudas. Faltaba un paso para la meta, y terminó siendo el hazmerreír. Esto era muy frustrante.
Fue él quien le enseñó que, si algo la hacía sentir mal, debía decirlo; que se amara a sí misma, que confiara en que ella tenía la razón. Que siempre pusiera sus sentimientos antes que nada. También le prometió que estaría a su lado.
¿Cómo es que todo eso cambiaba cuando Camila aparecía?
—Perdón...
Rafael vio su cara apagada, dolida, pero dócil, sin lágrimas ni escándalo, y sintió una oleada de remordimiento. La atrajo hacia él y la abrazó con fuerza.
—Perdón, mi pequeña Vanessa. Perdón.
Le pidió disculpas una y otra vez, con la voz ronca, apretándola un poco más entre sus brazos, con los ojos desbordando culpa y ternura.
Vanessa dio un leve respingo. Cuando una persona ha sido lastimada, las palabras suaves son lo que menos puede soportar. Las lágrimas estuvieron a punto de ganarle, pero se las tragó, negó con la cabeza contra su pecho y preguntó con un susurro entrecortado:
—No quiero que me pidas perdón. Quiero que me digas por qué lo hiciste.
Se detuvo un instante.
—¿Por qué la protegiste?
—Está bien, te lo voy a contar.
Rafael apoyó el mentón sobre su cabeza, la besó y luego la llevó de la mano hasta el sofá para sentarse juntos. Le resumió lo que había pasado entre Camila y él, sin rodeos.
Resultó que Camila lo había ayudado una vez: se interpuso para protegerlo y recibió una puñalada en su lugar. A causa de eso, la atacaron en represalia y perdió tanta sangre que no pudieron salvar al bebé que llevaba en el vientre. Pero el padre de ese bebé era alguien cuya identidad no podía salir a la luz.
Cuando llevaron a Camila al hospital, necesitaban una firma urgente. Rafael firmó. Desde entonces corrió el rumor de que el hijo era de ambos.
Vanessa estaba genuinamente sorprendida.
—¿Entonces por gratitud nunca lo aclaraste en todos estos años?
Una sombra oscura cruzó la mirada de Rafael y sonrió con desánimo.
—¿Crees que un asunto así, para alguien como yo, necesita ser aclarado?

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