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El Arquitecto De Mi Refugio (Vanessa y Rafael) romance Capítulo 506

Capítulo 506

Capítulo 506

Vanessa lo escuchaba mientras tragaba saliva.

-Насе cinco años tuviste contacto con Corporativo Halcón. ¿Estabas al tanto?

Al terminar la pregunta, apretó con fuerza los documentos en su mano; una de las esquinas se dobló, como si estuviera a punto de hacerlos pedazos.

Rafael, con sus ojos profundos y oscuros como la noche, sostuvo su mirada y le acomodó con suavidad el mechón que le caía sobre la frente.

Sus labios delgados se curvaron y habló con firmeza.

-Vanessa, confía en mí.

Hizo una pausa.

-Hasta ahora, solo te he fallado dos veces. Una en casa de los Zárate, y otra la noche de mi cumpleaños.

En toda su vida nunca se había arrepentido de nada. Pero ahora había dos cosas de las que sí se

arrepentía. Una era lo de hace cinco años.

La otra, haberle cumplido la promesa a Camila, lo que la envalentonó hasta el punto de lastimar a Vanessa.

-No me decepciones -respondió Vanessa sosteniéndole la mirada.

Estaba claro. Confiaba en él. La mirada negra de Rafael se volvió intensa. La sujetó por la nuca, bajó la cabeza y la besó. Ese beso fue puro sentimiento, sin rastro de deseo.

-Si eso es lo que tú quieres, te voy a proteger, Vanessa. Siempre puedes confiar en mí.

Su respiración cálida le rozaba la nariz, y su voz sonaba firme, dominante. Vanessa frunció apenas las cejas finas; por un instante no supo cómo responder. Volvió a escucharlo hablar con convicción.

-De ahora en adelante, nunca más volverá a pasar lo de la noche del cumpleaños. Confía en mí.

Vanessa sí confiaba en él. Todo lo que él había hecho aquella noche lo hizo pensando en ella. Ya no era la clase de persona que se enredaba en lo mismo una y otra vez.

Tiempo atrás se habría odiado a sí misma. Por culpa de aquel exceso de confianza en sus habilidades, su madre había muerto, y quizá ella nunca se habría recuperado.

Pero ahora, aunque seguía culpándose, también se obligaba a enfrentarlo con firmeza. Prefería compensarlo con lo que hiciera de ahora en adelante. Sin titubear, dijo:

Vanessa le agradeció al profesor Ulloa una y mil veces, y luego le dio las gracias al abuelo Antonio. Al verla por fin un poco más animada, el abuelo Antonio le dio unas palmaditas en el brazo, satisfecho.

-Conmigo no tienes que ser tan formal. Es lo mínimo que puedo hacer. Además, no quiero que a mi viejo amigo Roberto le pase nada, y mucho menos verte triste a ti.

-Gracias...

Conmovida hasta lo más hondo, a Vanessa le temblaron los labios un par de veces antes de que le saliera del alma:

-Abuelo.

A Antonio se le humedecieron los ojos cansados; la cara se le llenó de ternura y gratitud.

-Bien, bien...

Al ver cómo Vanessa empezaba a sentirse más aliviada, Antonio se sintió de lo más contento.

De regreso, en el auto, su asistente lo llamó de pronto para darle una noticia. Al escucharla, se quedó tan impactado que casi se le cae el celular.

Vanessa también recibió una llamada y, aunque esperaba esa noticia desde hacía tiempo, no pudo disimular la emoción.

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