Vanessa tenía el fuerte presentimiento de que aquella mujer no iba contra Fernanda, sino contra ella. Sin embargo, ni siquiera se conocían.
—¿O será que eres una perra rabiosa que anda mordiendo a cualquiera?
A la mujer del vestido rojo se le desencajó la cara de rabia. La mejilla donde había recibido el golpe no solo estaba roja e hinchada, sino también amoratada.
—¡Deja de decir estupideces! Fue esta mujer la que me manchó el vestido con la tinta del delineador y me lo arruinó.
—¡No es cierto! ¡No fui yo!
Fernanda se apresuró a explicar, angustiada. Aseguró que el delineador solo estaba junto al lavamanos y que no era suyo. Pero la mujer del vestido rojo insistía en que Fernanda le había manchado el vestido con el delineador.
Fernanda intentó explicárselo, pero la otra no quiso escucharla. Para colmo, le exigía dieciocho mil dólares de compensación.
¿De dónde iba a sacar esa cantidad de dinero?
Acto seguido, la otra mujer le plantó una cachetada. Llegaron Vanessa y Verónica.
—Lo que pasó después ya lo saben. —Fernanda se mordió el labio al terminar.
Tenía media mejilla enrojecida e hinchada; se le distinguía claramente la marca de los cinco dedos. Tenía los ojos enrojecidos y empañados, pero se mantenía firme, sin derramar una sola lágrima. Vanessa se indignó profundamente.
—Ya la escucharon decir que no fue ella. ¿Quién te crees que eres para agredirla sin haber aclarado las cosas?
—Aquí solo estábamos ella, mis amigas y yo. Si no fue ella, ¿quién más iba a ser?
La mujer del vestido rojo seguía igual de prepotente. Las otras tres mujeres la respaldaron y aseguraron sin dudar que había sido Fernanda.
—¡No fui yo!
Fernanda volvió a negarlo; no pensaba quedarse de brazos cruzados ni cargar con una culpa ajena. Pero a ojos de la mujer del vestido rojo, esa actitud solo la hacía parecer fácil de pisotear. Se cruzó de brazos y sonrió con desprecio:
—Es un vestido de dieciocho mil dólares. Claro que no lo vas a aceptar si no tienes con qué pagarlo. Me ensuciaste el vestido, ¡así que te tienes bien merecida la cachetada!
¡Plaf!
Vanessa no aguantó más; levantó la mano y le plantó otra cachetada. Los presentes se quedaron atónitos. Verónica, en especial, la miraba con admiración.
¡Qué mujer!


Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Arquitecto De Mi Refugio (Vanessa y Rafael)
Uuuyy es desesperante Vanessa y Rafael que no se hablen con la verdad, y ya despues de 728 capitulos que todavia no sepa quien la salvo es exagerado....