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El Arquitecto De Mi Refugio (Vanessa y Rafael) romance Capítulo 513

Capítulo 513

Las miradas chocaban como si una mampara los separara. Uno de pie, corpulento y alto, con aire imponente y provocador. El otro sentado, de apariencia refinada, pero en realidad dominante.

Era abrumador. Vanessa iba en camino a recoger a Bianca, que ya tenía el alta del hospital. Rafael la llamó. Su voz sonaba grave.

-Vanessa, ¿dónde estás?

No notó nada raro en él.

-Ocupada.

-¿Ocupada dónde?

Rafael estaba recargado en el asiento del auto y se frotaba la frente con la cabeza inclinada. Del otro lado de la línea, Vanessa lo oía respirar con cierta pesadez.

-Señor Cisneros, ¿me está controlando?

Vanessa no pudo disimular el fastidio, pero no se contuvo y añadió:

-¿Qué te pasa?

Hubo unos segundos de silencio del otro lado y la voz que llegó sonó aún más grave.

-Nada, me preocupo por ti.

Vanessa no se lo creyó.

-Si no me dices, cuelgo.

Rafael, por miedo a que colgara, carraspeó.

-Me duele el pecho.

Ricardo, que iba manejando, se sorprendió.

¿Estaba enojado el señor Cisneros? Hacía rato, al ver a la señora con Rodrigo, ya traía muy mala cara.

Vanessa se puso seria, con preocupación en la VOZ.

-¿Qué pasó? Si te sientes muy mal, ve al hospital.

-Quiero verte, tal vez con verte se me pase. - Rafael bajó la voz y, para quien escuchara con atención, dejó traslucir algo de reproche.

Era la primera vez que Ricardo lo oía hacerse el cariñoso, o algo parecido. Le sonó a cuento de hadas. Por poco creyó que estaba alucinando.

-Entonces sí te pasa algo.

Rafael bajó la mano con la que se frotaba el entrecejo.

Bianca agitó de nuevo el celular.

-Cuando regrese a casa, por si me surge alguna duda, voy a tener que buscarte. Agrégame a tus contactos, así también te puedo dejar un mensaje si hace falta.

Vanessa, parada en la puerta de la habitación, no pudo contener una sonrisa al escucharla. Para conseguir el contacto del doctor Villalobos, Bianca mostraba una constancia admirable.

Cuanto más se frustraba su intento, más insistía. En la mañana, las enfermeras le habían dicho que las camas escaseaban.

En cuanto saliera del hospital, otra paciente podría ocupar la suya. Sergio, igual que antes, rechazó la idea.

-Si necesitas algo, me llamas y ya.

-No me gusta hablar por teléfono... Mejor déjalo, prefiero seguir internada, así también es más fácil buscarte. No vaya a ser que después pase algo y ni siquiera pueda preguntarle al doctor qué hacer.

Bianca le ordenó a la enfermera que sacara la ropa de nuevo y la volviera a colgar. Tenía la cara de quien habla muy en serio.

La joven enfermera que estaba junto a Sergio se alarmó y se apresuró a decir que la cama ya se le había asignado a otra persona, que no podía seguir internada.

A Bianca le dio igual.

-Eso no es asunto mío, díselo al doctor Villalobos.

Sergio captó al instante todas sus intenciones.

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