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El Arquitecto De Mi Refugio (Vanessa y Rafael) romance Capítulo 525

Capítulo 525

En esos meses de matrimonio con Rafael, Vanessa podía sentir su ternura en cada detalle.

Era el temido príncipe de Cartaluz, y aun así llegaba hasta ese punto. Volvió a recordar aquella frase de la otra vez: que su persona especial era ella.

***

-¿Por qué no dices nada? ¿Te sientes mal de algo más?

Rafael la ayudó a sentarse en la cama, y un rastro de tensión se le marcó en el entrecejo. En realidad, Vanessa tenía hambre y estaba mareada. No quería que él siguiera preocupándose, así que negó con la cabeza.

-No es nada. Solo necesito comer algo.

Rafael abrió enseguida la mesa portátil de la cama del hospital y fue colocando, uno por uno, los platos que había comprado mientras los destapaba.

Todo lo que le gustaba. Ligero y delicioso.

Había un arroz caldoso con pescado fresco y

rebanadas finas de carne, y varios acompañamientos. Costillas al vapor con salsa, empanaditas de camarón y una natilla salada.

Cada platillo iba perfecto con el arroz.

Vanessa tenía hambre y, sin preocuparse por los modales, probó de todo. Al verla comer con tanto gusto, las facciones de Rafael se relajaron y la observó con satisfacción.

-¿Qué tal el sabor?

-Rico. Los ingredientes están muy frescos.

-Entonces come un poco más. No has comido desde ayer. -Rafael, de pie junto a la cama, tomó una cuchara y le sirvió en el tazón.

Lo hacía con naturalidad, como si estuviera acostumbrado a cuidarla. Vanessa se enterneció.

Antes siempre se atormentaba pensando si Rafael la quería o no.

Ahora sentía que esa convivencia natural entre los dos también tenía algo hermoso. Claro. Si tan solo no hubiera pasado lo del abuelo.

Vanessa terminó de comer y le dieron el alta.

Rafael la llevó al Residencial Los Álamos. Esta vez Rafael, con firmeza y naturalidad, entró con ella al departamento.

Rafael vio el diseño en blanco, negro y gris del lugar, que parecía un departamento muestra frío y sin un ápice de calidez, y su expresión se agravó.

-Mejor regresa a casa. Con doña Juana, ella puede cuidar bien de tus comidas y tus horarios.

Si vives sola aquí, las tres comidas no tienen horario y te vas a debilitar cada vez más. No vas

a aguantar.

La miraba con una ansiedad que no podía ocultar. Vanessa no se había planteado el asunto.

Pero desde que ayer, inconsciente, soñó con su mamá, al despertar sus sentimientos hacia Rafael se volvieron muy ambivalentes.

Conociendo ya la verdad, a Vanessa le costaba juzgar si la decisión de Rafael, aquella noche de su cumpleaños, de cambiar de opinión en el último momento y no hacer pública la relación, fue correcta o no.

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