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El Arquitecto De Mi Refugio (Vanessa y Rafael) romance Capítulo 535

Tras formular la pregunta, a Vanessa se le detuvo el corazón, incluso empezó a respirar más lento mientras esperaba la respuesta de Rafael.

—Sí.

Para su sorpresa, Rafael no titubeó ni un instante y respondió con franqueza. La respuesta golpeó a Vanessa como un martillazo; le costaba creerlo.

—¿Por qué?

A Vanessa se le secó la garganta; tardó un buen rato en recuperar la voz, y aquel semblante sereno se volvió frío.

Incluso Daniel, que iba al volante, se quedó helado. ¡Resulta que sí había sido el señor Cisneros! ¿Pretendía decepcionar a la señorita una vez más?

—¿Quieres saberlo?

Rafael levantó la mano para acariciarle la cara, pero Vanessa, furiosa, se la apartó de un manotazo.

Estaba esperando una explicación. ¿Y él se ponía así? ¿De verdad creía que ella no tenía carácter?

Al verla tan indignada, a Rafael se le escapó una risa y, sin darle tregua, le tomó la mano y la sujetó con firmeza.

—Ya sabía que te ibas a enojar. No te enojes todavía; te voy a llevar a un lugar.

Vanessa lo miró fijamente. Aquellas palabras sonaban a que se traía algo entre manos.

—Bien, entonces espero. Rafael, más vale que no vuelvas a decepcionarme, porque si lo haces, nunca te voy a perdonar.

—No te voy a dar esa oportunidad.

Rafael habló con voz profunda y magnética, seguro, como si todo estuviera bajo su control.

Vanessa seguía enojada, pero, sin saber por qué, al escucharlo hablar así, se le aflojó el nudo en el pecho y dejó de sentir aquella tensión.

Vanessa, sorprendida, intercambió una mirada con Daniel. Aunque Daniel era un hombre de mundo, no pudo evitar sobresaltarse al entrar y ver el estado de Octavio. ¡Le habían pegado durísimo!

Por lo visto, Octavio había recibido más de una paliza en los últimos dos días.

—¿Por qué te lo llevaste?

Vanessa terminó de leer los documentos, los cerró y se los pasó a Daniel; luego siguió mirando a Rafael, confundida. Si él no hubiera intervenido, a estas alturas los documentos ya estarían en sus manos. Es más, si ella no hubiera preguntado, parecía que él no tenía intención de contárselo por iniciativa propia.

Sobre todo porque este asunto, en sí mismo, involucraba a los Cisneros.

Rafael, a pesar de su juventud, ya manejaba el Grupo Firax y sus intereses estaban entrelazados con los de la familia. Como suele decirse, mover una pieza podía arrastrar toda la red. Tenía razones de sobra para proteger a los Cisneros.

Al escucharla, Rafael se puso serio; levantó la mano y le dio un golpecito en la frente con disgusto.

—¿Qué? ¿Sospechas que te traicioné, que iba a encubrir la responsabilidad de los Cisneros en este asunto y que por eso secuestré a Octavio para arruinarte el plan?

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