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El Arquitecto De Mi Refugio (Vanessa y Rafael) romance Capítulo 541

Capítulo 541

Rafael bajó y se metió en el auto. Ricardo, al volante, habló:

-Señor Cisneros, ¿volvemos a San Pedro?

Rafael levantó la mano, miró su reloj y vio que ya eran las nueve de la noche.

-A casa de los Cisneros.

Ricardo no dijo nada más y arrancó. En menos de una hora, Rafael apareció en el recibidor.

Le ordenó al mayordomo que reuniera a todo el servicio doméstico y mandó a sus hombres a interrogarlos uno por uno.

El alboroto fue tan grande que despertó a Yolanda, que ya se disponía a dormir.

Apareció frente a Rafael con un camisón y un chal sobre los hombros, la larga melena ondulada y la cara sin maquillaje, lo que la hacía ver varios años mayor.

-Tanto tiempo sin venir y, apenas regresas, pones la casa de cabeza. Rafael, ya veo que se te subieron los humos; cada vez tomas menos en cuenta a tu propia madre.

Yolanda protestó furiosa, aunque ya sin la arrogancia de antes. Esos días, Édgar Cisneros se encontraba fuera de la ciudad cerrando un negocio, lejos de Cartaluz, así que tampoco sabía nada de lo ocurrido ese día. Alexis no estaba en casa; el mayordomo dijo que había salido a beber.

En el enorme recibidor, los hombres de Rafael presionaban a más de una docena de empleados formados en dos filas. Pero todos se mantenían cabizbajos y guardaban silencio.

Todo el mundo sabía que, cuando el joven Rafael volvía a la residencia, jamás pasaba por ese lado de la casa, porque no se llevaba bien con la señora Yolanda.

Que hoy montara semejante escándalo por lo de Juana auguraba que la casa no tendría paz.

Rafael irradiaba frialdad. Se burló con desprecio:

vez más recelo al enfrentarlo.

Antes Rafael era frío con ella, pero al menos no habían llegado a ese punto de tensión explosiva.

Ahora ya no parecían madre e hijo, sino enemigos. Rosa, siempre cercana a ella y de toda su confianza, se apresuró a consolarla:

-Señora, no se enoje. El joven le tiene mucho cariño a doña Juana, y ahora que le pasó esto, se exaltó un poco; no es que de verdad quiera pelear con usted.

Yolanda estaba que se moría del coraje, y sentía que todo era culpa de Vanessa. Desde que Vanessa estaba con él, su actitud hacia ella era cada vez peor. Yolanda dijo con resentimiento, rechinando los dientes:

-Todo es culpa de esa perra de Vanessa. Solo cuando esa perra muera terminará todo esto. Ya verás, ¡no la voy a dejar en paz!

Al día siguiente, en cuanto terminó sus asuntos, lo primero que hizo Vanessa fue preguntarle a Daniel por el estado de Juana.

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