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El Arquitecto De Mi Refugio (Vanessa y Rafael) romance Capítulo 540

—Ya viste. Ahora puedes irte.

Rafael ni siquiera le dedicó una mirada de reojo. Giró el cuerpo, rodeó con un brazo los hombros de Vanessa, caminó con ella hacia la banca larga del pasillo y ambos se sentaron.

Vanessa esperaba en silencio los resultados de la investigación de Daniel, así que no volvió a mirar a Alexis. Rafael permanecía a su lado, con una presencia imponente, como su guardián.

Alexis no pudo acercarse. Los miró con dureza un rato y al final no le quedó más opción que salir del hospital.

Menos de diez minutos después, Ricardo y Daniel regresaron al mismo tiempo con los resultados de la investigación. La información que habían reunido coincidía casi punto por punto; incluso las versiones eran las mismas.

Todo el personal doméstico de los Cisneros declaraba lo mismo: doña Juana se había caído accidentalmente por la escalera y se había abierto la cabeza.

En el momento del incidente, el mayordomo tenía al hombre que Daniel había infiltrado en la casa de los Cisneros ocupado con otra tarea, así que este no presenció lo que pasó.

Y después del suceso, la residencia de los Cisneros tenía un aire extraño. Yolanda parecía estar buscando algo y se la veía especialmente apurada.

Ricardo, por su parte, revisó las cámaras de seguridad y descubrió que ya las habían saboteado. Aunque Vanessa dominaba la tecnología, sin la tarjeta de memoria original no podía recuperar los datos destruidos. A esas alturas, parecía que todas las pistas se habían cerrado.

—Esto no es tan simple. Doña Juana debió de escuchar algo que no debía —dijo Rafael, frío y severo.

Vanessa pensaba lo mismo.

Ese día, precisamente había intentado fracturar el vínculo entre Alexis y Yolanda para que se traicionaran, y por eso había hecho que Daniel infiltrara a alguien para grabar cualquier cosa que dijeran.

No imaginó que esos encargados resultaran inútiles para lo importante y expertos en arruinarlo todo. Dos fallas seguidas. Vanessa ya no podía tolerarlas.

—Reemplaza a todos. De ahora en adelante no los usaremos.

—Sí, señorita.

Daniel agachó la cabeza, sin atreverse a responder. Vanessa lo miró con frialdad.

—Y tú… si hay una próxima vez, ya verás.

—Entendido, señorita.

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