Puso casi todas sus fuerzas en esa cachetada. Su cuerpo seguía muy débil, y al terminar le hormigueaba la palma de la mano; apenas si lograba mantenerse en pie. Aun así, se obligó a quedarse erguida, con los ojos clavados en Alexis y un odio infinito en la mirada.
—Ya no voy a reclamarte lo que me hiciste, pero tampoco vengas con esa desfachatez a rogarme que perdone a Yolanda. Ella tiene que pagar con su vida. Vete. De ahora en adelante, que no te vuelva a ver.
Vanessa, con la cara encendida de furia, señaló la puerta y no le dio a Alexis ni una sola oportunidad de hablar.
La marca de los cinco dedos quedó nítida en la cara de Alexis. Al ver a Vanessa tan furiosa, supo que cualquier cosa que dijera sería inútil, así que por el momento prefirió callar.
Se levantó dispuesto a irse, pero al darse la vuelta se detuvo de pronto; cuando giró la cabeza para mirarla, frunció el entrecejo.
—Todavía necesitas reposo. No te alteres. Ya me voy.
Vanessa permaneció inexpresiva, con el odio creciéndole por dentro sin ceder ni un poco. No solo Alexis. Aunque fuera el propio Rafael quien viniera a suplicarle, jamás tendría piedad. Esos cinco años los pasó sin papá ni mamá.
Los demás tenían padre y madre; aunque no tuvieran dinero, al menos formaban una familia completa. Pero ella y su abuelo pasaban las fiestas y el Año Nuevo solos.
En las otras casas había risas y bullicio; solo ellos dos, abuelo y nieta, se sentaban frente a una mesa repleta de platillos y pasaban esas fechas en un silencio frío y triste.
Durante esos cinco años, por miedo a preocupar a su abuelo, no se atrevió a mostrar ni el menor rastro de tristeza.
Y eso que ella también tenía padre y madre. ¿Cómo la había insultado Yolanda? Dijo que traía mala suerte a sus padres y la llamó maldita sobreviviente.
Era cierto que había perdido a su madre hacía diez años, pero si no hubiera sido por la maldad asesina de Yolanda, ella también habría podido ser una hija con padre y con abuelo…
Ese rencor era irreconciliable; le resultaba imposible perdonar. El dolor le oprimió tanto el pecho que apenas podía respirar; le ardían los ojos. Apretó los puños con fuerza, bajó la cabeza y unas cuantas lágrimas cayeron al suelo. Federico Serrano, parado en la puerta, miró hacia dentro. Al verla en ese estado, se preocupó, empujó la puerta y entró.
Le tendió un pañuelo sin decir una palabra.
—Lo que hiciste estuvo muy bien, con mucho temple. Estoy seguro de que el señor León descansará en paz allá en el cielo.
Vanessa apenas sonrió y no dijo nada. ¿Temple? Solo había hecho lo que cualquier hija debía hacer.
No necesitaba la aprobación de nadie; le bastaba con saber qué era lo que tenía que hacer. A las ocho de la noche, Vanessa recibió una llamada de Sergio Villalobos. Rafael había despertado.
Se le detuvo el corazón y, sin perder tiempo, bajó las escaleras y abrió la puerta de la habitación de Rafael.
Había varias personas dentro. Apoyado en un bastón, junto a la cama, estaba el abuelo Antonio. Tras él, Leonardo Soto y Sergio. Vanessa se quedó un instante paralizada y fijó la mirada en Rafael.
En ese momento, la cabecera de la cama de Rafael estaba levantada. Se le veía sin fuerzas, pero al verla, la miró con ternura.
Los demás, con tacto, salieron. El abuelo Antonio se detuvo al pasar junto a Vanessa. La miró con pena; se veía cansado, impotente y culpable. Vanessa también lo miraba, pero ninguno dijo nada.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Arquitecto De Mi Refugio (Vanessa y Rafael)
Suban más de Bianca y Sergio esa historia está más interesante ahora...
Porque tengo que pagar si dice "completamente gratis" antes de ingresar a la página????...
Demasiado vuelta para lo mismo , la escritora se le fue la paloma...
Pago por los capítulos y me salen incompletos…....
Uuuyy es desesperante Vanessa y Rafael que no se hablen con la verdad, y ya despues de 728 capitulos que todavia no sepa quien la salvo es exagerado....