No era que se estuviera burlando de él.
Rafael estaba en muy buena forma, y de eso Sergio Villalobos podía dar fe. Durante sus tres años en el extranjero, sus jornadas de trabajo fueron intensas, de más de diez horas seguidas.
Reuniones con clientes, negociaciones de alianzas, comidas y copas de compromiso.
Parecía no cansarse nunca; en menos de medio año fuera del país, ya se había hecho un nombre en el mundo de las finanzas. Tres años después, era el nuevo magnate de las finanzas, elogiado dentro y fuera del país, con una capacidad de trabajo descomunal, una visión y unas estrategias de inversión que obligaban a rendirse ante él.
—Es muy amable de su parte, señorita Torres. —Rafael mantenía un trato cortés, con la mirada insondable.
Bianca sabía leer el ambiente; entendió que esos dos querían estar a solas y le hizo una seña con los ojos a Sergio.
Sergio captó el mensaje. Al pasar junto a ella, se detuvo de pronto, levantó la mano para tomar las asas de la silla de ruedas y la empujó hacia afuera. Bianca se quedó un poco aturdida.
—¿Cómo sientes el pie estos días?
No supo cuánto tiempo pasó hasta que escuchó a Sergio hablar por encima de ella. Bianca volvió en sí, alzó la mirada hacia él y se apresuró a decir:
—Bien, ya no me da comezón, pero todavía lo siento un poco adolorido.
—Es muy reciente, claro que va a doler. Espera un poco más, pronto podremos retirarte el yeso.
Bianca le contemplaba la cara, embelesada. Qué guapo. Alto y atractivo; la bata blanca le quedaba como un traje de alta costura. Tenía un aire sereno y pulcro, envolvente como una brisa primaveral, con el porte clásico de un joven noble y refinado.
Pero Sergio parecía estar acostumbrado desde hacía mucho a que lo miraran así; apartó la mirada.
—Espera aquí a Vanessa, yo tengo que volver a la consulta.
Para cuando Bianca reaccionó, él ya se había ido. Qué distante. Y cuanto más reservado, más curiosidad le daba saber cómo sería en la cama.
—Buaaa, cómo me gustaría tener un novio tan bueno como el doctor Villalobos, y quién sabe si será bueno en la cama.
—Ni lo sueñes. Escuché que en su familia le están arreglando últimamente un matrimonio concertado; dicen que la doctora Estrada, del área de cardiotorácica del hospital, además de ser su excompañera de la universidad, está enamorada de él, y la doctora Estrada es hija del director Estrada, nada menos…
Las enfermeras, al darse cuenta de que no tenían ninguna oportunidad, se desanimaron como flores marchitas.
Bianca, a quien Margarita venía empujando, escuchó lo que comentaban las enfermeras y, sin saber por qué, se sintió muy presionada.
Ya se imaginaba que un hombre como Sergio terminaría, al final, casándose por conveniencia con una señorita de dinero de su mismo nivel.
Pero escucharlo de boca de otros le dejó un sabor amargo. Era como si algo que le pertenecía se lo hubieran arrebatado; no se resignaba, y deseaba con todas sus fuerzas adueñarse de algo tan hermoso antes que nadie. Lo pensó un momento y volvió a mandarle un mensaje a Sergio.
“Doctor Villalobos, ¿algún día que tenga tiempo nos acostamos?”

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Arquitecto De Mi Refugio (Vanessa y Rafael)
Suban más de Bianca y Sergio esa historia está más interesante ahora...
Porque tengo que pagar si dice "completamente gratis" antes de ingresar a la página????...
Demasiado vuelta para lo mismo , la escritora se le fue la paloma...
Pago por los capítulos y me salen incompletos…....
Uuuyy es desesperante Vanessa y Rafael que no se hablen con la verdad, y ya despues de 728 capitulos que todavia no sepa quien la salvo es exagerado....