Capítulo 598
Héctor respiró aliviado al escucharla.
—Entonces, qué bueno, qué bueno que no te hicieran pasar un mal rato. Después de todo, esto fue culpa de los Cisneros. Si entran en razón, perfecto, pero si no...
Héctor gruñó.
—Por más inútil que sea, daré la cara por ti. No voy a dejar que te pisoteen.
—Si vas a hablar, habla, pero ¿para qué gritas así?
Graciela salió ella misma con otro plato y, al ver a Héctor hablando tan alto, lo miró con desaprobación y lo regañó.
Héctor le tenía miedo a su esposa, aunque más que miedo era cariño y respeto. Dejó escapar una risita.
—Sí, sí, sí, me emocioné un poco. No te enojes.
Solo entonces Graciela lo dejó en paz y le acercó el plato a Vanessa. Vanessa ya no podía más; puso cara de agobio.
—Tía, con esta comida subo por lo menos tres kilos.
Graciela era una mujer de buen corazón y dulce, casi nunca se molestaba por nada.
—Mejor sube unos kilos. Mírate, últimamente estás muy flaca. De ahora en adelante ven una vez por semana a comer a la casa, para que te alimentes bien, ¿me escuchas?
—Está bien, vendré cuando pueda.
Vanessa la miró y le propuso:
—Tía, en serio, ya comí demasiado. La próxima vez que venga, ¿me como dos porciones?
A Graciela no le hizo mucha gracia y no pudo ocultar su incomodidad.
—Esto lo preparé especialmente para ti. Aunque sea come un poco más.
—Ya basta, recién la obligaste a tomarse dos tazones de caldo y a comerse un plato enorme de comida, además de muchos acompañamientos.
¿Cuánto le cabe en el estómago a Vanessa? No vayas a empacharla.
—Sí, sí, sí, se me pasó. Entonces te lo comes la próxima vez que vengas.
—Bueno.
Vanessa asintió con docilidad y los miró con alivio. Sus tíos irradiaban alegría y la trataban con mucha ternura. Al despedirse, Héctor incluso se tomó el trabajo de insistirle en que, si pasaba cualquier cosa, lo buscara a él.

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