Capítulo 610
Vanessa apartó la mano que él le tendía para tomar la suya, con un gesto y una actitud que solo expresaban un frío rechazo.
—Entre nosotros está todo saldado; de ahora en adelante, lo mejor es que hagas como que no me conoces.
No estaba dispuesta a concederle ni el derecho a llamarla cuñada. En toda la familia Cisneros, aparte de su esposo Rafael, solo el abuelo Antonio la trataba con algo de cariño; los demás eran lobos que solo buscaban sacar provecho.
Así eran Yolanda y Alexis.
Y Édgar más todavía. Un canalla que da la cara vale mucho más que un hipócrita que se hace el caballero. Alexis deslizó la mirada hasta su muñeca. Las marcas rojas que le había dejado la cinta con que la ataron eran ya apenas una huella tenue.
Pero no soportaba que Vanessa lo tratara con tanta frialdad y apretó la mandíbula.
—Vanessa, solo me preocupo por ti. La verdad, hoy no tenías por qué malgastar el tiempo en
esta licitación. Firax va a conseguir lo que quiere a como dé lugar; salvo dos terrenos que sirven de algo, todo lo demás que compres será un desperdicio.
—No te molestes en pensar por mí.
Vanessa alzó la cabeza y le clavó una mirada fría, afilada como un cuchillo.
Cada vez llegaba más gente al recinto. Al ver la mala disposición de Vanessa, Alexis se acomodó la corbata, incómodo, y con una mano en el bolsillo volvió junto a Édgar.
Los demás fueron encontrando su lugar y tomaron asiento. Apenas Alexis regresó, escuchó la severa advertencia de Édgar.
—Hoy vinimos a licitar terrenos, no a que vengas a recordar viejos tiempos. Aunque los demás todavía no saben de su relación con Rafael, tú lo tienes muy claro; más te vale mantener la distancia con ella.
Alexis apretó el puño.
—Si Rafael no se hubiera metido en medio, ella sería mía y no habríamos llegado a esto. Al final de cuentas, todo es porque él me robó a la mujer que amo.
Édgar vio su despecho y adoptó un tono más duro.
—Decir todo eso ahora no sirve de nada. Tu madre tiene razón. Esa mocosa no va a llegar a ningún lado. Todavía estamos a tiempo de doblegar a Grupo León y ponerlo a nuestro servicio. ¡Deja ya de arruinar por un capricho sentimental tu relación con tu hermano y tu propio futuro!
Alexis apretó la mandíbula de rabia, pero por ahora solo su padre podía ayudarlo, así que le costaba llevarle la contraria.
Federico observaba los gestos de aquel padre y aquel hijo, y luego miró a Vanessa con una actitud indescifrable.

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