Capítulo 612
La mano de Vanessa se alzó despacio... Todos contuvieron la respiración. Édgar la miró con dureza, furioso.
Por lo visto, antes había sido demasiado clemente.
—Vanessa... —Alexis la miró preocupado y la llamó.
Un segundo después, Vanessa se acomodó la melena castaña y sus labios rojos se curvaron.
—El poderío económico de Firax es admirable, en serio. Y aunque también me interesa, no me queda más que renunciar.
A Federico le pareció que Vanessa estaba un poco extraña. Según el plan, sí iban a competir, pero el precio no debía superar por mucho los noventa millones de dólares. Los presentes, aunque no estaban a la altura de las cuatro grandes familias, también eran gente de renombre, y las burlas hacia Vanessa se sucedían una tras otra.
Alexis suspiró aliviado. En cuanto recuperara el
control de la filial gracias a este proyecto, ya encontraría la manera de ayudarla. Pensó que, si el Grupo León entraba en problemas y al final Rafael se divorciaba de Vanessa, él aprovecharía para confesarle lo que sentía.
Así, Vanessa terminaría volviendo con él. La subasta del terreno número dos transcurrió con relativa fluidez, pero quien lo ganó fue uno de los diez principales desarrolladores de Cartaluz.
Tras el terreno número dos, salió el número uno.
Vanessa abrió la puja:
—Cincuenta millones.
El terreno número uno era una joya codiciada para ellos; lo más probable era que el gobierno eligiera uno de esos dos lotes, el uno o el tres.
Federico se acercó a Vanessa.
—¿No es demasiado apresurado?
—¿Quieres pujar tú?
—Tampoco estaría mal.
Federico arqueó una ceja, con un aire despreocupado y suelto, pero a la vez con esa
serenidad de quien domina los negocios, un temple imposible de descifrar.
—Sesenta millones.
—Sesenta y cinco millones.

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