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El Arquitecto De Mi Refugio (Vanessa y Rafael) romance Capítulo 626

Capítulo 626

Vanessa caminó hacia la salida mientras le daba instrucciones a Daniel.

—Llama al abogado y vamos a la delegación.

—Sí.

Daniel la siguió de prisa, procurando no pasar nada por alto. La noticia del arresto de Héctor corrió enseguida. Rafael mandó a Ricardo a investigar, y el resultado fue tal como lo imaginó.

Cuando Ricardo terminó de informarle, notó que Rafael tenía la expresión sombría y helada. Sin decir más, Rafael fue a la oficina del director ejecutivo.

Édgar era el director interino del consejo y, por lo general, apenas se metía en los asuntos del grupo. Por eso, casi nunca estaba en la empresa.

Pero ese día, después de salir del Grupo León, volvió directo, como si hubiera estado esperando a propósito que Rafael fuera a buscarlo.

Rafael abrió la puerta de la oficina de un empujón y se plantó frente a él con la cara sombría.

—¿Por qué hacen esto? ¿Qué hizo ella mal para que ustedes, uno tras otro, la traten así?

Rafael lo interpeló con dureza, sin mostrarle ya el menor respeto como padre. Era la segunda vez que le hablaba así a Édgar. La primera había sido en la subasta, y ambas veces había sido por Vanessa.

Édgar golpeó la mesa y se puso de pie.

—¡Mírate! Por una mujer no solo renunciaste a tu madre; ¿ahora, también por una mujer, vas a enfrentarte a tu padre y a toda la familia Cisneros?

Rafael se mantuvo firme, sin ceder un milímetro.

Porque, a fin de cuentas, desde el principio Vanessa había sido la novia de Alexis, y él, siendo el mayor, le había arrebatado la mujer a su hermano, sin el menor rastro de fraternidad.

Rafael entrecerró sus ojos negros y apretó el gesto; miró a Édgar con sarcasmo. Conque era eso. Eran padre e hijo y, aun así, tan distantes que ni siquiera se conocían.

—Yolanda merece la muerte y aún sería poco. En cuanto a Alexis... nunca le arrebaté nada, y él tampoco lo merece.

A Rafael se le enrojecieron los ojos, duros y sombríos.

—Todo lo que haces ahora, padre, parece ser por Firax, pero en realidad no es más que una pelea por poder y beneficios para Alexis. La verdad es que amas ciegamente a tu otro hijo.

A Édgar se le cambió la cara, como si Rafael le hubiera descubierto el secreto, y pasó de la vergüenza a la furia: —Si hay alguien a quien culpar, cúlpate a ti mismo por tu desapego. Ya que no te importa la familia, yo tampoco voy a estarme midiendo.

Rafael lo miró con la cara fría e inexpresiva, y torció los labios en una mueca de burla: —Qué amor tan profundo entre padre e hijo; hasta me da envidia. Espero que algún día, padre, sigas tan firme como ahora, y que todavía te queden ganas de reírte.

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