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El Arquitecto De Mi Refugio (Vanessa y Rafael) romance Capítulo 647

Capítulo 647

Era alto, y tenía una presencia tan imponente que todo en él transmitía distinción e imponía respeto.

Vanessa lo miró aturdida y no pudo evitar emocionarse.

—Rafael.

Había venido. Damián Salazar entrecerró los ojos, amenazante, y los clavó en él.

—Rafael, ¿a qué viniste?

Rafael le rodeó la cintura a Vanessa y la atrajo contra su pecho. Aunque Damián parecía sanguinario y temible, Rafael le inspiraba cierto recelo, así que no se atrevió a impedirlo. Rafael bajó la mirada hacia Vanessa y se le suavizó la expresión, fría hasta hacía un momento.

—No tengas miedo, estoy aquí.

Vanessa lo miró aturdida, y la rabia impulsiva de hacía un momento se le fue apagando. Asintió, dócil.

—Bien.

—Buena chica.

Rafael lo dijo en voz baja, con una ternura casi irreal. Damián se rio, frío y burlón.

—Por lo visto, tu relación con esta mujer no es tan sencilla, Rafael. Tú y yo siempre hemos ido por caminos separados. Hoy estoy aquí para cerrar un trato con Grupo León, así que no te metas.

Rafael nunca les había tenido miedo a las amenazas; al contrario, detestaba que lo amenazaran. Se le oscureció la mirada y, cuando levantó la mirada, la clavó en él.

—Aunque ella no fuera mía, si yo decido protegerla, ¿qué carajos vas a hacerme?

Damián enrojeció de furia y gritó: —¡Conque te empeñas en enfrentarme! ¿En serio crees que no me atrevo a hacerte algo?

—Vaya que te atreves. No hace falta que me recuerdes lo que hiciste en el extranjero esos tres años; ya iré ajustando cuentas contigo poco a poco.

Rafael mantenía el semblante adusto, pero su mirada cargaba una amenaza que se imponía por sí sola. A Damián se le heló la sangre. ¿Acaso sabía algo?

—No te bastó con el extranjero; volviste corriendo al país a hacer de las tuyas y encima te atreves a meterle mano a lo que es mío. Damián Salazar, creo que estás cansado de vivir.

Damián estaba arrugado y mugriento; aunque la furia seguía marcada en su cara, intimidaba mucho menoS.

—Si no te largas, te hago probar otra patada. — Rafael se acomodó el traje con toda calma, sereno como si nada, pero igual de avasallador.

Damián fulminó con la mirada a Rafael y a Vanessa.

—¡Bien, muy bien!

—Yo, Damián Salazar, dejo pendiente la cuenta de hoy.

¿Cuándo había soportado él un golpe así? En todos estos años, nadie se había atrevido a tratarlo de ese modo. Y hoy se encontraba frente a Rafael, dos enemigos cara a cara, ardiendo de odio.

De no haber aparecido Rafael, ese día habría podido humillar a Vanessa y desquitar la bronca de aquella persona.

Además, habría conseguido el terreno número cuatro. Pero ahora Rafael lo había echado todo a perder. El salón privado recuperó la calma.

Vanessa no imaginaba que Damián fuera tan altanero como para no tener el más mínimo respeto por Grupo León.

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