—¿Sabes quién quiso matarme? ¿Ya lo investigaron?
Vanessa lo miró directo a los ojos al preguntar, con una dureza en la mirada. Si Rodrigo no hubiera estado ahí, probablemente el chofer no habría sido la única víctima mortal. Todos habrían muerto en el accidente.
Rafael vaciló ante esa mirada y trató de calmarla en voz baja:
—Siguen investigando. La policía determinó que no fue un simple choque con fuga; están buscando al responsable por todas partes.
Vanessa no respondió, pero se le encendió el odio por dentro. No importaba quién hubiera orquestado todo aquello; en cuanto la investigación lo sacara a la luz, no pensaba perdonarlo. Pero en ese momento se sentía demasiado mal y no tenía cabeza para pensar, así que prefirió cambiar de tema.
—Recuerdo que fue Rodrigo quien me salvó. ¿Llegaste a verlo?
En ese momento, el golpe la dejó aturdida, como si flotara, sin saber qué era real. Cuando vio a Rodrigo, llegó a creer que era una alucinación. Ahora que lo pensaba, seguramente fue él quien la salvó.
Por un instante, sin que ella alcanzara a notarlo, Rafael se entristeció. Frunció apenas el entrecejo y tragó saliva.
—Él te salvó. Ya se fue.
Hizo una pausa y cerró en un puño la mano que tenía sobre la pierna.
—¿Necesitas que lo mande llamar? —preguntó, sombrío.
Vanessa notó el disgusto en su voz. Tenía la cabeza pesada, como nublada, pero aun así se contuvo y le explicó:
—No tengo ningún interés en él. Lo único es que me salvó la vida y quiero darle las gracias en persona.
—Lo entiendo.
Rafael se inclinó y la besó suavemente en la frente. Ninguno de los dos dijo nada más. Se abrió la puerta de la habitación.
Bianca y Verónica entraron a toda prisa. Al ver a Vanessa así, a Bianca se le humedecieron los ojos.
—Nena, ¿te duele mucho?
—¿Por qué no me contaste algo tan grave? Si te hubiera pasado algo, ¿qué haría sin ti?


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