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El Arquitecto De Mi Refugio (Vanessa y Rafael) romance Capítulo 649

Capítulo 649

Al escuchar sus palabras afectuosas, Vanessa sintió una impotencia inmensa. No era que desconfiara de Rafael. Era que ahora enfrentaban demasiadas cosas, algunas con vidas en juego, y eso la obligaba a estar con pies de plomo.

Primero Édgar difamó a su tío a sus espaldas y luego fue contra Bianca. Si Édgar seguía así, no sabía de qué más sería capaz.

—Rafael, el Grupo León me necesita.

Vanessa retiró la mano, con un gesto frío y distante, incapaz siquiera de mirarlo a los ojos.

—Creo que lo nuestro puede esperar, sobre todo ahora que ya estamos casados.

Después de todo lo que había vivido, Vanessa se dio cuenta de que el amor era solo una mínima parte de la vida.

Antes se atormentaba porque no lograba caerles bien a Alexis ni a sus amigos; vivía exigiéndose de una forma enfermiza, desesperada por esforzarse y cambiar.

Más tarde se casó con Rafael, y seguía tan necesitada de cariño como antes; poco a poco se aferró a su ternura y volvió a atormentarse, temiendo que él no la quisiera.

Ahora estaba segura de que Rafael la quería, la amaba, y bastaba con dar un paso adelante para tener el amor que tanto había soñado.

Pero descubrió que todo eso no valía nada cuando había una vida humana de por medio.

—Vanessa...

Rafael se entristeció; apretó la mandíbula y la miró sin entender.

—Si ya sabes lo que siento por ti, ¿por qué sigues sin darme una respuesta? ¿De verdad no merezco que me quieras?

Vanessa sintió un nudo en la garganta. Rafael tragó saliva varias veces; la miró sombrío, conteniéndose.

—Si te preocupa algo, puedes decírmelo. ¿Es por lo de Bianca? ¿O es por el abuelo?

seguramente habría aprovechado después para anunciar el fin de la alianza entre nuestras dos familias. Como eso no le funcionó, se metió con mi tío y con Bianca. Lo que quiere es obligarme a ceder.

Vanessa miró a Rafael, y se le endureció la cara al mencionar todo aquello; estaba tan furiosa que habría querido despellejar a Édgar vivo.

—Esta vez Bianca tuvo la suerte de que doña Margarita la encontrara a tiempo y la llevara al hospital, pero ¿y la próxima? No sé a quién atacará después.

—Perdóname.

Rafael la estrechó entre sus brazos; le sujetó la nuca con firmeza con su manaza y su aliento cálido le rozó detrás de la oreja.

— Por mi culpa te he causado problemas a ti y a la gente que te rodea, pero, Vanessa, no por eso puedes dejarme.

Su voz grave tenía un timbre magnético y firme cuando dijo con una autoridad arrolladora: —Lo enfrentaré a tu lado, y no dejaré que vuelva a lastimar a la gente que quieres.

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