—¿Qué estupideces vas a decir ahora?
—¿Eh? Parece que todavía no te enteraste.
Vanessa sintió más curiosidad.
¿De qué se trataba?
¿Tendría algo que ver con que Rafael hubiera salido ese día?
Aunque Rafael seguía tratándola con la misma ternura de siempre, Vanessa notaba que algo lo preocupaba.
—¡No tengo tiempo para tus acertijos!
Vanessa iba a colgar cuando Rodrigo dijo con calma:
—De los dos hermanos, uno de ellos en realidad no es hijo de Édgar.
Vanessa se quedó atónita.
¿El mal humor de Rafael tendría algo que ver con aquello?
Por instinto, pensó que Rafael no era hijo de Édgar. Pero no confiaba del todo en Rodrigo.
—Deja de decir estupideces. No tengo tiempo para seguirte el juego.
—Tranquila, Rafael sí es un Cisneros. El que no es hijo de Édgar es Alexis.
Rodrigo rio con desprecio.
—A ese que llamas tu marido, su propio padre mandó matarlo y su madre lo usó como escudo. Ni su padre ni su madre lo quieren. ¿No te avergüenza estar con alguien así?
A Vanessa se le desgarró el corazón. Desde el balcón, miró a través del cristal hacia la habitación y clavó la mirada en la puerta cerrada del baño.
Rodrigo siguió hablando al otro lado de la línea. Le explicaba que todos creían que Rafael no era hijo de Édgar.
Cuanto más lo escuchaba, más dolor y angustia sentía Vanessa. Llegó un momento en que ya no pudo prestar atención a lo que Rodrigo decía.
—Así están las cosas. Édgar quería matar a Rafael, diluir el capital accionario de Grupo Firax y apoderarse del corporativo.
Rodrigo arqueó una ceja y añadió con cinismo:

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