—Usted dijo que sabe dónde está Alexis. ¿Es verdad?
Vanessa siguió con discreción la mirada de Emilio y luego lo observó. Emilio se molestó al verla de pie.
—Trajiste a tantos guardaespaldas porque temes que te haga algo. Si desconfías de mí, ¿para qué aceptaste venir?
A Vanessa no le importó su mala cara. Al contrario, tenía mucha curiosidad por saber qué pretendía, así que tomó asiento frente a él.
—Usted nunca ha querido nada a cambio ni me ha pedido que le devuelva el favor. Solo me sorprendió que me buscara porque tenía noticias de Alexis.
Vanessa arqueó una ceja y lo observó con dureza.
—Dígame dónde está.
Emilio observó con recelo a los guardaespaldas.
—No quiere que cualquiera sepa dónde está. Ahora solo confía en ti. Pídeles que salgan y te lo diré a solas.
—Está bien.
Vanessa aceptó sin dudar y le indicó a los guardaespaldas que la esperaran afuera. Emilio sonrió con satisfacción apenas los vio salir. Vanessa sacó el celular y envió varios mensajes.
Después, volvió a guardarlo en el bolso. La cafetería tenía ventanales grandes que se alzaban hasta el techo. Desde adentro se veía con claridad el exterior y desde afuera también se distinguía todo lo que ocurría dentro.
—Alexis está cerca. Te llevaré con él.
Vanessa entrecerró los ojos y sonrió apenas, aunque disimuló el gesto antes de que Emilio lo notara.
—Está bien. Voy a llamar a mis guardaespaldas para que vengan conmigo.
—No lo hagas —se apresuró a decir Emilio—. Alexis solo quiere verte a ti. Vanessa, no necesito que me devuelvas ningún favor. Basta con que vengas conmigo ahora para verlo. Si aceptas venir, la deuda entre nosotros quedará saldada.

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