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El Arquitecto De Mi Refugio (Vanessa y Rafael) romance Capítulo 763

Vanessa tembló mientras el miedo se apoderaba de ella. Quiso detener a Rafael.

Pero entonces recordó todo lo ocurrido en ese tiempo, ya fuera lo de Yolanda, lo de Édgar o su venganza contra ellos. Eso bastó para callarla.

Las palabras se le atoraron en la garganta y no logró pronunciar ni una. Vanessa no volvió en sí hasta que escuchó abrirse y cerrarse la puerta.

Corrió al recibidor y extendió la mano para abrir la puerta, pero de pronto se quedó inmóvil. Al cabo de un rato, bajó la mano.

Agachó la cabeza y dejó que las lágrimas le resbalaran por las mejillas hasta caer a sus pies. Estaba allí, descalza; el frío del piso le recorría el cuerpo entero, pero ella ni siquiera lo sentía. Solo sentía un vacío y un dolor tan intenso que quería morirse.

Vanessa llegó a la empresa más pálida de lo normal, aunque el remedio para la resaca al menos le había quitado el dolor de cabeza.

Daniel se preocupó al verla así.

—Señorita, ¿por qué se ve tan mal?

Un recuerdo repentino hizo que el dolor regresara. Pero no dejó traslucir nada; se limitó a negar con la cabeza. Daniel no le creyó, pero, como era su subordinado, no podía indagar más y retomó el trabajo.

—Esta tarde es el entierro de doña Marta. ¿En serio piensa ir, señorita?

Vanessa reaccionó. Se cumplían tres días desde la muerte de Marta. A pesar de todo lo ocurrido, quería ir a despedirla. Durante esos días, le había encargado a Daniel que consiguiera gente para ayudar a Susana con los arreglos del funeral.

Lo hacía solo para aliviar su conciencia. Después de todo, algo de responsabilidad tenía ella en la muerte de Marta.

—Prepara la ofrenda para el funeral y despeja mi agenda para esa hora. Iré.

—Sí, señorita.

Cuando Daniel salió, Federico tocó la puerta y entró. Vanessa reconoció el perfume familiar y levantó la mirada de la pila de documentos.

—¿No iba a negociar una colaboración con Automotriz Hilmesh, señorita? ¿Por qué no se concretó? —Federico acercó una silla y se sentó frente al escritorio. Luego cruzó las piernas y se apoyó en el respaldo.

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