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El Arquitecto De Mi Refugio romance Capítulo 80

Capítulo 80 Vanessa sintió que la cara le ardía. Se quedó con los ojos muy abiertos mirándolo, sintiendo el roce de su nariz. El contacto de su piel con la de él fue como recibir una descarga eléctrica.

Su corazón empezó a latir con fuerza. Envuelta en el aroma de Rafael, se dejó llevar por ese beso dominante, pero a la vez suave, sintiendo cómo sus respiraciones se mezclaban.

Vanessa no podía pensar en nada. Cuando sentía que se estaba quedando sin aire, Rafael apartó sus labios, aunque parecía que no quería detenerse.

—Tontita, ¿todavía no aprendes a respirar? —Él se rio.

Sentía la cara calientísima y no sabía ni qué decir.

—No estuvo mal —comentó Rafael con la mirada intensa, mientras le pasaba el pulgar por la comisura de los labios—. Qué dulce.

Vanessa sentía que la cara le iba a explotar de la pura vergüenza. Al verlo a los ojos, sintió que el corazón se le iba a salir del pecho, como si tuviera un animalito saltando descontrolado ahí adentro.

Tratando de calmarse, le reclamó:

—¿Por qué no me había dado cuenta de lo atrevido que eres?

Él mostró una media sonrisa y sus ojos oscuros brillaron con diversión.

—Estamos casados, así que no cuenta como acoso.

Vanessa le respondió:

—Pues busca lo que dice la ley sobre el abuso en el matrimonio, para que veas.

Al escuchar eso, Rafael arrugó un poco la frente.

—Ah, ¿sí? Si eres tan respondona, ¿por qué dejas que todo el mundo te pase por encima?

Se enderezó y su mirada volvió a ser la de siempre:

imposible de leer. Su cara no mostraba ninguna emoción.

Al recordar todo lo que había pasado últimamente, Vanessa se puso triste, pero mantuvo la mirada firme.

—Eso es culpa de los demás, no mía.

Vanessa aceptó. Rafael le acomodó la cama para que estuviera cómoda y ella volvió a cerrar los ojos.

Como él estaba ahí, se sintió muy tranquila y se quedó profundamente dormida hasta las diez de la mañana.

Para esa hora, Rafael ya no estaba. Juana era quien la cuidaba en la habitación y ya le tenía listo un caldito de pollo con verduras recién hecho. La señora le contó que Rafael se lo había encargado especialmente y le pidió que se asegurara de que Vanessa se lo comiera todo, porque en la tarde pasaría por ella para llevarla a caa.

Vanessa se quedó pensando en que esa era la gran diferencia entre las personas. Cuando estaba con Alexis y se llegaba a enfermar, él ni siquiera se molestaba en comprarle medicina, mucho menos se quedaba a cuidarla. Rafael era distinto; aunque fuera alguien frío y a veces dijera cosas pesadas, se preocupaba por ella. Tal vez no la amaba, pero se tomaba muy en serio su responsabilidad como esposo.

Al acordarse del beso de hace rato, sintió que la cara se le calentaba otra vez.

"Bueno, ya estamos casados, no tiene nada de malo que me haya besado", pensó para no pensar tanto en eso.

Apenas terminó de comer, Bianca la llamó:

—Vane, ¿cómo sigues? Perdóname, fue mi culpa.

Por no cuidarte bien ayer te lastimaron.

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