En pleno clímax, Rafael le habló al oído con voz ronca.
—Cariño, sí que sabes lo que haces.
Vanessa tenía enrojecidos los rabillos de los ojos y la mirada perdida. Vanessa se dejó caer despacio sobre la cama, entre los brazos de Rafael, con la respiración entrecortada y cada vez más agitada.
—El mérito es suyo, señor Cisneros.
***
Al día siguiente, la gala de premios de guion comenzó a las cuatro de la tarde. Vanessa llevaba un vestido azul oscuro con un diseño de estrellas que evocaba el firmamento y realzaba su belleza imponente. Permanecía junto a Rafael, tomada de su brazo.
El traje oscuro hecho a la medida de Rafael realzaba su porte distinguido. Juntos, formaban una pareja perfecta y acaparaban todas las miradas.
—Qué bien se ven juntos. Tal vez sí sean pareja.
—Escuché que el rumor que circuló en internet era cierto. Vanessa sí está casada. Quizá el señor Cisneros sea su esposo.
—Si es así, ¡qué enredadas están esas dos familias! Vanessa fue quien hizo encarcelar a la madre de Rafael. ¿En serio puede fingir que no pasó nada?
Esa noche había muchos invitados: además de actores y equipos de producción de las principales compañías, asistieron varios inversionistas. El evento era una constelación de estrellas a la altura de las grandes galas de la farándula. Al escuchar esos comentarios, Leonardo se acercó al grupo con expresión severa.
—Ya que les gusta tanto hablar de rumores, ¿por qué no van a preguntárselo directamente a los interesados?
Al reconocerlo, todos guardaron silencio. En la farándula todos sabían que Leonardo y Rafael eran buenos amigos. Negaron con la cabeza, agitaron las manos y enseguida se dispersaron.
Leonardo dejó de prestarles atención. ¡Qué cobardes!
—Señor Soto.
Fernanda se acercó. Esa noche se había arreglado con esmero. Llevaba un vestido de gala sin tirantes y el cabello recogido en un moño bajo que le despejaba la frente. Lucía muy bonita.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Arquitecto De Mi Refugio (Vanessa y Rafael)