Vanessa entendía muy bien a qué se refería Rafael. Pero le resultaba imposible no molestarse.
—Si no es así, que el doctor Villalobos resuelva este asunto. Y si en verdad piensa comprometerse con Andrea, le pido que no vuelva a buscar a Bianca.
El tono de Vanessa era áspero, cargado de indignación. Rafael sabía que estaba molesta y, por temor a que el enojo le salpicara a él, intentó calmarla con voz suave.
—Sergio no es de los que eluden sus responsabilidades; ya fue a encargarse del asunto.
—Mi pequeña Dinamita, ¿cómo es que sigues teniendo el mismo genio de siempre?
Era adorable y a él le encantaba.
Vanessa se impacientó:
—A Bianca le costó muchísimo llegar a donde está. Si por culpa de él arruina su carrera, yo no lo voy a dejar pasar aunque ella decida no reclamarle nada. Rafael, es tu amigo. Quiero que estés al pendiente de esto; no quiero hablar de más. Lo que quiero decir es que lo único que me importa es que no lastimen a Bianca.
Ese era el límite indiscutible de Vanessa.
—De acuerdo, lo que diga la señora Cisneros.
Rafael sabía que Vanessa no daba el brazo a torcer, así que accedió sin titubear. Al colgar el teléfono, Vanessa contempló a Bianca, que dormía en la sala, y suspiró con resignación. En este asunto, temía que Bianca no pudiera evitar salir lastimada.
Para ese momento, el cielo empezaba a oscurecerse. Bianca yacía de lado en el sofá, hecha bolita y con los ojos cerrados. Sin embargo, le brotó una lágrima que cruzó el puente de la nariz, resbaló por el otro párpado y se perdió entre los cabellos de la sien.
Vanessa se fue bastante tarde. Solo se fue porque Bianca despertó e insistió en que se fuera, mientras fingía una sonrisa para asegurar que todo estaba bien. Al no poder ganarle a su terquedad, no tuvo más remedio que irse.
Pero no regresó a casa, sino que se dirigió a un privado exclusivo del Club Cúspide. Allí se encontraban Sergio y los otros tres conversando sobre el asunto. Al abrir la puerta, Vanessa escuchó a Verónica quejarse furiosa:
—Si desde el principio habías decidido aceptar el matrimonio por conveniencia, ¿para qué te metiste con Bianca? Sergio, no me lo esperaba. Resultaste ser un canalla.
Leonardo fulminó a Sergio con la mirada.
—Esta vez ni yo te voy a defender. La última vez dijiste que no aceptarías ningún matrimonio por conveniencia; ¿de qué se trata esto ahora?

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