Esa noche Michele regreso a casa un poco más calmado, cuando ingreso en la habitación encontró a Daviana aun despierta y ella al verlo entrar en la recámara lo miró fijamente.
—¿Qué haces despierta? —le pregunta ingresando en el cuarto mientras se despojaba de su saco —. Ya es tarde, deberías de estar durmiendo.
—No puedo dormir—Michele le da la espalda a la castaña al tiempo que afloja la corbata y termina por quitársela.
—¿Por qué? ¿Te preocupaba algo? —inquiere curioso.
Daviana observa la espalda ancha de Michele luego de que se quitara la camisa, inmediatamente el cuerpo de ella reacciona causando una sensación maravillosa de la que se estaba acostumbrando a sentir cada vez que lo veía.
—Te has ido enojado…—Michele eleva la vista, eso significaba que ella estaba preocupada por él, sin duda alguna aquella teoría le arranco una sonrisa.
—¿Y que con eso? —se da la vuelta para verla a la cara —. ¿Pensaste que algo me pasaría? —el pelinegro afina la mirada al mismo tiempo que se cruza de brazos.
—Conducías, era peligroso que salieran en tu condición.
—¡Eso quiere decir que te estabas preocupada por mí!
El corazón de Daviana se detuvo ante esa afirmación. Se tensa y lo único que puede hacer es morder la carne interna de sus labios.
Michele medio sonríe y decide caminar hacia la cama de manera intimidante.
—Veo que no me equivoco, si has estado preocupada por mí —comienza a gatear sobre la cama al mismo tiempo que Daviana se inclina hacia atrás.
—No esta… bueno, no está bien conducir enojado.
—Puede ser…
Al pronunciar aquellas palabras ya Michele estaba casi encima de Daviana metiéndose entre sus muslos.
—Pero estas bien…
—¡Lo estoy! —musita contra sus labios.
—¿Estás enojado?
—Sí, aún sigo estando cabreado.
Sin embargo el CEO presiona sus labios contra los de ella lentamente al mismo tiempo que introduce su lengua en el interior de su boca. Automáticamente Daviana cierra los ojos tras aquella invasión.
Envuelve el cuello de Michele con sus brazos para acercarlo a su cuerpo muerto del frío. Al tener el cuerpo de ese pelinegro sobre ella de inmediato rodea su cintura con una pierna y este ejerce un poco de presión contra su coño.
—Daviana, me vuelves loco —jadea contra sus labios abiertos y sedientos de un poco más de la humedad de su lengua.
Ella inclina la cabeza hacia atrás para permitirle a Michele que besara la curva de su cuello, él lo entiende y es lo que hace. Deja furtivos besos en su piel y continúa el camino hacia el valle de sus tetas.
Sube el camisón que llevaba puesto dejando expuestos sus senos erguidos y tersos. De manera inmediata el CEO se apodera de uno de estos chupándolo con fiereza, jala su pezón con sus labios ocasionando un fuerte respingo por parte de Daviana.
Luego toma las muñecas de ella para llevarlas por encima de su cabeza y continúa chupando y lamiendo su pezón con pasión. Daviana arquea su cuerpo mientras que los vellos de su cuerpo se erizan ocasionando que la punta de su pezón se endureciera.
Michele se lo chupa mientras lleva la mirada hacia su rostro, ella mordía sus labios de una manera tan deliciosa que la erección que yacía entre sus pantalones iba a estallar. Y es cuando empieza a descender con sus besos por el mismo valle de su cuerpo hasta alcanzar la liga de su pantaleta.
Con los dientes emprende la tarea de deslizar la prenda por sus muslos temblorosos, al dejarla libre de esa molesta tela, él abre sus piernas para enfocar sus ojos en aquellos rosados y húmedos labios vaginales.
La respiración de Daviana era rítmica y su cuerpo se encontraba arqueado y tan excitado que seguramente por su mente no pasaba absolutamente nada. Michele aprovechó el momento para inclinar su cuerpo hacia ese coño jugoso y deslizar la lengua por el mismo.
—¡Ahhhh! —la oye gemir mientras que su cuerpo se sacude con fiereza —. Por favor, Michele.
Daviana le suplica, pero ni ella misma sabía lo que le estaba rogando. Sin embargo, él continúo chupándole el coño con ímpetu, se aferraba a sus muslos dejando marcados sus dedos en su piel blanquecina, succionaba sus labios vaginales absorbiendo la dulzura de su interior.
Era una locura lo que ese hombre le hacía sentir, la estaba volviendo completamente loca mientras se encontraba metido en su coño. A ella no le quedo de otra que aferrarse a la almohada para llevar la situación.
Sentía que estaba por alcanzar el clímax y terminar por correrse en la boca de su jefe, pero eso no le importaba puesto que era lo que ella deseaba en realidad. Muerde sus labios mientras que aprieta sus ojos con fuerza al permitir que su cuerpo se libere de todo estrés y preocupaciones.
Su mente se pone en blanco justo cuando su coño se libera explotando en la boca de Michele, ella se imaginó ese momento en el que él absorbía su coño y la encendió al imaginárselo chupar todos sus fluidos.
—¡Aahhhh! Joder—musita con un fuerte jadeo al sentir que seguía igual de caliente que hace un momento —. Mi cuerpo está muy caliente.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El arte del clímax