La mujer se lo piensa un momento.
—No joven, la señora está en casa.
—¿La señora? —repite.
Y justo en ese instante el CEO ve a la secretaria de su padre bajar por las escaleras distraída leyendo algo. Cuando alza la vista se detiene al percatarse de su presencia.
—¿Tu eres la señora?
—Connor…—musita algo temerosa.
El chico enfoca la mano de la castaña divisando una argolla parecida a la que su padre lleva en su dedo y esta iba acompañada de un gran diamante. No existían dudas de que esa mujer era la esposa de su padre.
—¿Te casaste con mi padre? —el corazón de Daviana palpita frenéticamente.
—Sera mejor que eso lo converses con tu padre y no conmigo.
—¡Es cierto! —empieza a caminar hacia las escaleras con determinación—. Así que el viejo te hizo su esposa, todas esas faltas, el que esté buscando otra empleada, y lo blando e idiota que se ha convertido es por tu causa.
Daviana empieza a subir los escalones debido a que Connor le quitaba espacio.
—Son temas que debes conversar con tu padre y no conmigo.
—Por eso me has rechazado, buscabas un pez más grande.
—Eso no es así, no estoy con tu padre por dinero.
—¿Ah, no? ¿Y esa enorme roca de diamantes que llevas en el dedo? —ella cubre el anillo.
— Yo no lo pedí, tu padre quiso dármelo.
—¡Símbolo de su gran amor por ti!, ¿crees que te amara? Le hará lo mismo que le hizo a mi madre, la dejara sola en casa todo el tiempo —sonríe con malicia —. Te será infiel con cualquier mujer y la prueba es que ya está buscando otra secretaria, ¿Qué piensas que pasara cuando esa mujer se le insinué?
—Tienes una idea muy errada de tu padre.
El final de las escaleras había terminado y a Daviana no le quedó más remedio que retroceder hasta un poco más rápido.
—Te digo la verdad, así fue que su primero matrimonio se fue a la mierda. Y pasara lo mismo con el tuyo, eres una idiota creyendo que tendrás el cuento de final feliz con mi padre.
—Connor, me parece que es momento de que te marches. Si quieres volver hazlo cuando tu padre este en casa.
—¿Ahora eres la que da órdenes aquí?
El CEO se apresura alcanzando a Daviana para sujetarla por un brazo con evidente violencia.
—Tú no eres nadie en este nadie en esta casa, a puesto que se revuelcan en la misma cama donde lo hacía con mi madre.
—Connor suéltame, me estás haciendo daño.
—Así que no te gusto como te trate en mi oficina y decidiste casarte con mi padre, ¿acaso te trata mejor que yo?
Las lágrimas de Daviana estaban a punto de brotar de sus ojos al recordar ese mal momento que Connor le hizo vivir en su oficina, pero de la nada alguien arrastra al joven lejos de ella y este termina por caer en el suelo.
Cuando ella reacciona se da cuenta de que Michele se encontraba en medio de ellos dos, la castaña al ver a su esposo corre a sus brazos y termina por abrazarlo con fuerza.
—Michele…
—Tranquila, está bien, todo está bien Daviana.
Michele se da la vuelta para ver a su hijo ponerse en pie.
—¿Qué diablos haz hecho? ¿Te casaste con esta mujer?
—Connor, no soy tan paciente como aparento estarlo, así que te advierto que será mejor que te vayas de la casa.
—Soy tu hijo, y esta es solo una maldita oportunista que solo busca dinero.
El pelinegro mayor aprieta la mandíbula con fuerza es cuando se abalanza contra su propio hijo para propinarle un puñetazo en la cara hasta hacerlo sangrar.
Daviana cubre su boca con susto al ver que Connor cae al suelo con la nariz ensangrentada. Luego ve a Michele acercarse a él tomándolo por la solapa del saco.
—Nunca más vuelvas a referirte a ella de esa manera, su nombre es Daviana y te guste o no es mi esposa. Y no creas que te voy a perdonar haber intentado forzarla a hacer algo que no quiso.
Connor observa a su padre a los ojos y supo que hablaba muy en serio. Aplana los labios al mismo tiempo que limpia su nariz.
—Ahora vete de aquí, mañana lo hablaremos en la oficina.
El chico se pone en pie con ayuda de su padre, le echa un vistazo al mismo y luego a su esposa. Se da la vuelta para desaparecer por las escaleras.
Michele suelta el aliento y traga saliva, gira el cuerpo para ver a su esposa más pálida de lo normal.
—¿Te sientes bien?
—Lo siento mucho —baja la cabeza.
—Debiste confiar en mí y contármelo Daviana.
—Creí que si te lo contaba no me lo ibas a creer, Connor es tu hijo, como le ibas a creer a una simple secretaria que acababas de conocer. Me dio miedo.
—¿De qué mi hijo hiciera algo contra ti?
—De perderte —levanta el rostro.
—Eso no pasara mi amor —se acerca a ella para abrazarla —. Eres lo mejor que me ha pasado, quiero que siempre lo recuerdes siempre. Pero necesito que confíes plenamente en mí para contarme cualquier cosa que suceda, ¿lo entiendes?
Michele la aleja un poco para ver sus ojos.
—De acuerdo —sonríe.
—¿Hay algo más que deba saber?
—No, nada…
—Bien —besa su boca con ternura —. Muy bien…
[…]

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