Michele se filtra entre sus muslos acomodándose entre ellos muy fácilmente, lentamente presiona su pelvis contra la de Daviana haciéndole sentir la fuerza de su erección mientras no separaba los labios de su boca.
Besa a Daviana de manera fiera introduciendo su lengua hasta el fondo de su boca saboreando la dulzura del interior de la misma. Encendido comienza a despojarse de la camisa con rapidez.
—Michele —oye a Daviana gemir con voz pastosa.
Él regresa a sus labios al mismo tiempo que la castaña empieza a aflojarse la hebilla del pantalón y tras ella la cremallera del mismo. Segundos después, Daviana extrae su polla y entre sus manos comienza a masturbarlo.
—Daviana —gime contra sus labios.
—Te necesito dentro de mí, por favor Michele.
El CEO se aleja de ella para bajar su pantalón rápidamente y con el sus bragas, vuelve a separar los muslos de Daviana y con la misma penetra la entrada de su coño en una única embestida.
—¡Ahhhh! Joder…—Daviana gime ante la violencia de su amante.
Se sujeta de los antebrazos de Michele entre tanto él entra y sale de su coño con ímpetu. El pelinegro la retiene de las caderas marcando su piel roja por la magnitud de la fuerza, ella mantiene los ojos abiertos para poder verlo a él con aquellas eróticas expresiones.
Daviana muerde sus labios con pasión al percibir aquellas gotas de sudor deslizarse por su frente hasta llegar a la punta de su nariz. Los labios de Michele se encontraban un poco abiertos mientras que penetraba su cuerpo una y otra vez.
Ella ve como él mantiene los ojos abiertos puestos en los de ella, ambos se miraban mutuamente mientras que esa mañana hacían el amor por primera vez. Ya no era como las otras veces, en esa oportunidad era distinto.
Michele muerde sus labios al notar las mejillas enrojecidas de Daviana y esa mirada brillosa que tanto la caracterizaba con inocencia. Ella se aferraba a sus brazos mientras que él embestía su coño sin nada de tacto.
Sus pieles estaban tan sudadas que el choque de sus sexos producía un sonido de placer que aumentaba la calentura de su cuerpo. Baja la mirada fijándose como su polla se pierde en el interior del coño de Daviana.
Regresa la vista a los ojos de ella notando que ella estaba lista para el orgasmo, acelera las embestidas y presiona más la piel de sus caderas justo cuando ella arquea un poco su cuerpo hacia él. Abre sus labios en una erótica “O” y luego gime con tanta fuerza que Michele no se pudo contener y termino acabando al mismo tiempo que ella.
Cierra los ojos y suelta un ronco gemido de placer al liberarse dentro del coño de Daviana. Inclina la cabeza hacia adelante; aprieta la mandíbula y permite que su polla se vacié por completo.
—Joder… —musita respirando agitadamente —. Daviana —menciona su nombre en susurro y es cuando abre los ojos —. No me canso de hacerlo contigo.
Ella detecta la sinceridad en la mirada de Michele y se reconforta por ello, eran genuinas sus palabras y eso le encantaba. Sus sentimientos hacia ella eran verdaderos, creía fielmente que su relación iba a funcionar a pesar de la diferencia de edades y el estatus social.
Nada de eso importaba cuando de verdad existía amor.
—Te seré muy sincero en algo.
—¿En qué?
—No me gusta para nada este apartamento —Daviana amplía la mirada.
—¿Por qué lo dices?
—Tu cama es demasiado pequeña para mí —se ríe un poco provocando una sonrisa en los labios de Daviana.
—Lo siento, no conté con conocer a alguien tan grande que terminara metiéndose en mi cama para hacerme el amor.
Michele niega y luego planta un beso en sus labios.
—Quizás sea conveniente irnos, si continuo viendo tu cuerpo desnudo vamos a terminar metidos en el baño.
—Dudo mucho que te guste mi baño.
—Esto es un castigo…
Luego de una hora la pareja abandona el apartamento de Daviana con la mayoría de las partencias de ella y de su hermano, Michele le prometió que mandaría a alguien a por el resto de sus cosas.
Ella no objeto y se fue con él a vivir su nueva vida, la verdad es que estaba muy emocionada por compartir todos sus momentos con él.
Al llegar a casa, Michele no se baja del coche y ella tampoco lo hace. A cambio de eso lo observa algo curiosa.
—¿Qué ocurre?
—¿Te quieres casar conmigo mañana? —Michele la mira y ella se asombra.
—¿De qué hablas? —medio sonríe puesto que piensa que era una broma.
—¿Te gustaría?
—Pero, ¿Cómo lo haríamos?
—No necesitamos de ninguna etiqueta ni anuncios en la noticia para hacerlo, ¿o sí?
Daviana deja de sonreír manteniéndose seria.
—¡No lo necesitamos! —lo observa con una mirada llena de vida —. No necesitamos nada de eso.
—Entonces, ¿te casas conmigo mañana? —traga saliva en seco.
—Sí, sí quiero hacerlo.
Michele afina la mirada.
Y como el CEO lo propuso, al día siguiente por la tarde ambos fueron a la prefectura para unir sus vidas en matrimonio. Por la mañana Michele llevo a Daviana para que eligiera un vestido de su preferencia, ella misma deseo arreglarse, así que regresaron pronto a casa.
Él asistió a la empresa por ciertos asuntos de negocios, y ella se quedó en casa. Aunque ella le insistió en ir a trabajar, el pelinegro se negó. Pero por la tarde, muy puntual él fue a por ella. Y cuando la vio bajar por las escaleras con el vestido de novia más hermoso que hubiera visto en su vida.
Daviana no era como otras mujeres, cualquier otra hubiera hecho de todo por una boda estrafalaria, pero ella solo quería ser su esposa sin tanto protocologo. Él sabía que ella se sentía un poco deprimida puesto que su hermano no iba a estar presente, pero la salud del pequeño aun esta delicada por ende no podía salir de la clínica.
Sin embargo, él pensaba recompensarlo todo una vez que Arthur pudiera salir de la clínica. Pero de momento haría su esposa a esa mujer.
—Te ha quedado perfecto ese vestido.
—Te dije que no necesitaba uno tan estrambótico, este es maravilloso.
—No dudare de tus gustos —le tiende la mano y ella se la acepta —. ¿Estas lista?
—Estoy nerviosa…

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