Aquel abrazo sorprendió a Daviana, Michele estaba actuando un poco extraño para con ella. Sin embargo cabe destacar que a ella le encantaba que la mantuviera en sus brazos, esa seguridad que le proporcionaba era tan acogedora que no deseaba salir de sus brazos.
Al menos por esa noche.
—¿Te encuentras bien? —Michele pregunta.
—Sí, estoy bien.
—¿Quieres darte una ducha conmigo? —susurra contra su oído al mismo tiempo que chupa el lóbulo de su oreja —. Creo que necesitas que te de un baño.
Daviana lo oye reír muy bajo lo que causa que erice toda la piel de su cuerpo. Muerde sus labios al sentir que él jala su cuerpo hacia atrás. Luego la sujeta por la piernas y termina por cargarla en mono princesa.
—¿Qué haces?
—Te llevo a tomar un baño.
La castaña se sentía como si estuviera en un cuento de hadas y Michele siendo el hombre perfecto para ella, pero la realidad era que su relación no tenía futuro y eso era algo que no debía olvidar.
[…]
Por la mañana cuando Michele despertó Daviana seguía profundamente dormida. Se pone en pie para bajar a la cocina a por un poco de café.
La noche con Daviana había sido increíble, mientras baja las escaleras no dejaba de pensar en lo que ambos hicieron. Esa mujer lo enloquecía, y estar con ella le gustaba mucho. Sonríe mientras prepara café.
Esa emoción que sentía al saber que ella estaba con él era apasionante. Luego piensa en la parte de cuando Daviana le dijera para finalizar ese convenio sexual. No había pensando en esa posibilidad, una que muy probablemente sucediera.
Michele aplana los labios entre tanto busca una solución para ese problema.
[…]
Daviana al despertar se da cuenta de que estaba sola en la cama, pero el aroma a café impregnaba toda la habitación. Así que se imaginó que Michele estaría abajo preparando algo de café.
La castaña se abraza a si misma al recordar lo que compartió con Michele la noche anterior, pero luego niega y piensa que ya no debe seguir pensando en esos sentimientos hacia Michele, sin embargo mientras siguiera cogiendo con él no dejaría de estar enamorada.
—Joder, necesito ocupar la mente en algo más.
Quita la cobija para ponerse en pie y buscar algo de ropa. Ocuparía su día para dedicárselo a su hermano quien en realidad era la persona que merecía su atención.
Al estar lista la castaña baja por las escaleras escuchando ruido en la cocina, se encamina hasta la misma para encontrar a Michele sentado en la mesa del comedor tomando café mientras revisaba su ordenador.
Él levanta la mirada para verla y frunce el ceño.
—¿Vas a algún lado? —en ese instante la señora del servicio ingresa en el comedor con el desayuno.
—Sí, quiero ir a ver a Arthur —el CEO guarda silencio un momento.
—De acuerdo, yo te llevare luego de que desayunemos.
Ella asiente para luego caminar hasta la mesa sentándose a su lado.
—¿Has dormido bien?
—Sí, ¿y tú? Te has despertado muy temprano.
—Tengo unos asuntos que resolver, quiero tener todo en orden para mañana.
—Prometo poner orden mañana en la oficina.
Michele la observa fijamente, esa mañana parecía un poco extraña.
—¿Ocurre algo, Daviana? —ella levanta la mirada de su plato.
—No, todo está bien —sonríe a duras penas.
No era honesta, no era un niño al que podía engañar. Sus años recorridos le sumaba experiencia a sus instintos.
—Te veo cuando termines de comer —dice él poniéndose en pie.
Daviana lo ve alejarse del comedor para luego volver la vista a su plato, ni apetito tenia. Mantener en secreto que estaba enamorada de Michele cada día era más complicado, intentaba disimular sus sentimientos, pero, es que ya ni sabía cómo hacerlo.
Cuando ambos llegaron a la clínica, Michele pretendía bajarse del coche para acompañarla, pero justo en ese momento lo llamaron.
—Daviana, no puedo quedarme contigo. Pero vendré por ti dentro de una hora.
—Tampoco tienes porque quedarte conmigo, no te preocupes, voy a estar bien.
—De acuerdo.
Ella se baja y empieza a caminar a la entrada de la clínica hasta que se detiene a mitad de camino para ver el edificio. Luego gira el cuerpo en redondo para ver la camioneta de Michele alejarse.
—¿Qué diablos?, me ha dejado sola sin muchos problemas, eso no es normal.
Niega y luego entra en el edifico pensando que Michele no le puso muchas objeciones para que fuera a ver a su hermano sola. ¿No le preocupaba Gael? Con los pensamientos revueltos la castaña recorre el corredor para ir a ver a Arthur.
El niño estaba despierto viendo dibujos animados en la televisión y al verla sonríe abiertamente, su color de piel volvía a ser la de antes y sus ojos brillaban como los de un niño normal. Daviana se sentía feliz de que su hermano estuviera mejor.
Sabía que muy pronto le darían de alta y toda esa pesadilla acabaría.
—¿Señorita Morris? —Daviana gira el rostro hacia la puerta para ver a un doctor de avanzada edad entrar en la recámara —. Imagino que es la hermana de este jovencito tan valiente.
—Sí, soy yo… —se pone en pie para saludar el doctor —. ¿Disculpe quién es usted?
—¡Ah, sí! soy el doctor Blester, estoy a cargo del caso de su hermano.
—¿Perdón qué? —frunce el ceño —. ¿Qué paso con el doctor Gael?
—Bueno, no sé muy bien lo que sucedió, pero el doctor cedió el caso de Arthur.
Daviana pestañea varias veces al escuchar aquella noticia, ¿Por qué Gael abandonaría el caso de su hermano? No tenía sentido, por tres años él se encargó de todo y hasta lo opero. Aplana los labios, no sabía que pensar.

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