Entrar Via

El arte del clímax romance Capítulo 28

Michele llego a la clínica para recoger a Daviana, el horario de visita ya había terminado y seguramente ella lo debía de estar esperando. Pero desde el coche no conseguía verla, así que decide bajarse para ir a buscarla.

Por desgracia recorrió toda la clínica y no dio con ella, pregunto en recepción por el doctor de Arthur Morris y fue atendido por un nuevo médico, lo que le confirma que su advertencia sirvió de algo.

Aunque el nuevo médico le indico que vio a Daviana hace una hora exactamente, y cuando volvió a pasar por el cuarto del paciente ella ya no estaba. Michele no tenía idea donde podía estar, le había dicho que la recogería, ¿A dónde pudo irse?

Se queda pensando en las posibilidades y es cuando mira de soslayo al maldito de Gael, este no se percata de su presencia ya que hablaba con una mujer con uniforme. Michele frunce el ceño puesto que piensa en algo que no le gustaba.

Sale apresurado de la clínica para regresar al coche y conducir a casa… mientras lo hacía iba pensando en Daviana y en lo que ella pudiera estar pensando o haciendo.

Lastimosamente al llegar a su residencia no la encontró, y ya llevaba mucho tiempo ausente en la clínica.

—¿Dónde está?

El CEO se revienta los sesos para pensar donde puede estar metida, era evidente que no deseo regresar a la casa y eso le confirmaba sus terribles sospechas. Michele muerde sus labios sintiéndose preocupado y ansioso por encontrarla.

Mientras ve su cuarto vacío piensa en otro lugar donde ella puede estar.

—Mierda, como no lo pensé antes.

El pelinegro baja las escaleras a toda prisa para regresar a su coche, le iba a tomar mucho en llegar, pero esperaba encontrarla.

[…]

Daviana visualiza su hogar fijándose que estaba muy lleno de polvo, era necesario que lo limpiara cuando su hermano saliera de todos esos problemas. Pero ese día no sentía ganas de hacer nada, lo único que deseaba era tumbarse en la cama y no pensar más.

Se encamina hasta su cuarto y empieza a cambiar la ropa de cama y organizar algunas cosas de su recámara… cuando deja todo organizado se tumba sobre el colchón y suelta un largo suspiro.

Se sentía tan triste…

De pronto Daviana escucha que alguien toca la puerta de su apartamento lo que la lleva a incorporarse de golpe, su corazón empieza a palpitar con fuerza; no tiene idea de quien pueda ser, pero sospechaba que podía ser el arrendador.

Camina con algo de prisa hacia la puerta cuando escucha de nuevo otros toques con un poco más de fuerza… la joven abre la puerta puesto que no puede esconderse del arrendador por siempre.

Para su sorpresa quien estaba detrás de la misma no era ese viejo barrigón, si no su jefe. Ella ensancha la mirada al ver a Michele mirarla fijamente.

—¿Qué estás haciendo aquí, Daviana? —le pregunta seriamente.

—¿Cómo supiste que estaba aquí?

—No fue muy difícil adivinarlo.

Ella mira a Michele a los ojos y trata de no quedar cautivada como siempre le sucedía, así que frunce el ceño y lo observa con enojo.

—¡No me esperaste! Fui por ti y no estabas, tampoco regresaste a casa, ¿Por qué has venido aquí?

—Esta es mi casa, ¿Por qué no regresar?

—Ahora estas en mi casa.

—¿Y si ya no quiero seguir en su casa?

Su respuesta lo intranquilizo.

—No veo razón por el cual tomes esa decisión —responde ingresando en el apartamento, ella lo ve y termina por cerrar la puerta.

—Quizás si tenga motivos para hacerlo.

—¿Ah, sí? —Michele se da la vuelta —. ¿Y cuáles serían?

—Creo que ya lo debes saber —Daviana se cruza de brazos, necesitaba ser fuerte.

Michele aprieta la mandíbula con fuerza.

—¿Qué pasa? —la enfrenta.

—Eso debería preguntarlo yo, ¿Cómo pudo hacer algo tan horrible? —Michele frunce el ceño —. ¿Cómo pudiste golpear a Gael y amenazarlo con abandonar el caso de mi hermano?

¡Ya lo suponía! Sus sospechas eran ciertas, no se había equivocado con su teoría. Ese idiota del doctor estaba en la clínica el mismo día que ella había ido, era probable que ella se lo hubiera encontrado.

Y a juzgar por su reclamo era evidente que ese desgraciado le contó cosas que no eran ciertas.

—¡Así que hablaste con Gael! —Michele introduce las manos en sus bolsillos pareciendo bastante sereno.

—Tiene la nariz partida Michele, ¿Qué demonios quieres que te diga? Es evidente para todo el mundo que lo golpearon —le reclama furiosa.

—¿Qué te dijo? —Daviana parpadea varias veces y se mantiene en silencio —. Que fue lo que te dijo, Daviana?

—Que lo golpeaste y lo amenazaste para que dejara el caso de mi hermano. Michele, ¿Por qué lo hiciste? Gael no se merecía nada de eso, él se ha portado bien conmigo y con mi hermano.

—¿De verdad? —responde tranquilo.

—Me ayudo cuando nadie más estuvo para hacerlo, no se merecía que lo golpearas de esa manera. Es doctor es su trabajo atender a las personas, y si lo has golpeado por lo que él siente por mí, ¿Qué con eso?, te recuerdo que nosotros no tenemos ningún tipo de relación. Hasta donde sé tú me has pedido sexo a cambio de pagar los gastos de mi hermano.

Daviana toma un respiro, estaba furiosa, nerviosa, asustada, y algo triste por cómo estaban pintando las cosas. Seguramente que después de todo eso, su relación con Michele se acabaría.

Pero era claro que en algún momento eso iba a suceder.

—Cuando todo esto se acabe, cuando te aburras, cuando ya tengas que volver a irte del país esto que hacemos se terminara y yo haré mi vida con quien yo quiera; al igual que lo harás tú —intentaba reprimir las lágrimas, no deseaba llorar delante de él.

—¿Y él no te dijo nada más? —la castaña frunce el ceño.

—¿Cómo qué?

Le contó solo que le convenía, ese maldito doctor era como una piedra en su jodido zapato. Lo único que provoco era poner en su contra a Daviana, busco la manera de fastidiarle las cosas con ella.

—Ese sujeto solo se estaba burlando de ti, Daviana.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: El arte del clímax