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El Baile de Despedida del Cisne Cojo romance Capítulo 738

—¿Tú... puedes verme? —preguntó Estefanía, totalmente atónita.

Él asintió lentamente.

Estefanía se acercó flotando de golpe.

—¿Cómo es posible? ¿Desde cuándo puedes verme?

Él guardó silencio, como si intentara regular su respiración. Pasó un buen rato antes de que contestara:

—Antes... no te veía...

Estefanía estaba a punto de decir «eso tiene más lógica», cuando lo escuchó continuar:

—Pero podía ver la pulsera... Veía una pulsera flotando frente a mis ojos, balanceándose, y entonces sabía que habías venido.

Estefanía se quedó helada.

¡Siempre pensó que él no veía nada!

—¿Y si hablo me puedes escuchar?

El hombre en la cama asintió.

—Sí, una pulsera que me habla...

Estefanía se quiso morir. ¡Había dicho tantas cosas que no debía!

Pero eso ya no importaba. Lo importante era que él estaba ahí acostado, con esa enfermedad. ¿Qué significaba eso?

—Pero hoy te vi. Resulta que así te ves de grande. —Él la miraba fijamente, sin parpadear, como si quisiera grabarse su imagen para siempre.

—¿Eh? ¿Por qué? —Estefanía bajó la mirada a su pijama; la verdad es que andaba muy fachosa.

—Supongo que es porque... —dijo en voz muy baja— yo también ya me voy.

—Benicio, no digas tonterías... —Apenas tenía veintidós años, ¿cómo se iba a ir?

En el rostro pálido de Benicio se dibujó una sonrisa desoladora.

—Dime, ¿no será posible que yo, originalmente, solo debía vivir hasta los veintidós?

Capítulo 738 1

Capítulo 738 2

—¿Entonces qué haces? ¿Qué necesitas? —Tal vez, si se esforzaba, podría ayudarle en algo.

Él levantó la vista, con los ojos enrojecidos.

—¿Podrías... darme la mano?

Estefanía se quedó paralizada.

Él volvió a sonreír con tristeza.

—Si no se puede, olvídalo.

—No... no es eso... —Estefanía contempló sus dedos pálidos y esqueléticos, y colocó su mano sobre la palma de él.

Capítulo 738 3

—Qué cruel eres, dejándome aquí solo. Si no me estuviera muriendo, ¿verdad que no habrías vuelto a verme? —Dijo con la voz entrecortada, llena de reproche.

—Benicio, no digas eso... —En ese momento, el ambiente que ya era pesado se volvió aún más complejo con sus palabras.

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