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El Contrato para Olvidarte romance Capítulo 172

La puerta de la sala de espera se abrió de golpe, no con el suave silbido de las puertas automáticas, sino con un golpe seco que resonó en el silencio tenso de la habitación. El sonido hizo que Julian se girara instintivamente, su cuerpo ya tenso por horas de espera.

Era Chloe.

Se quedó de pie en el umbral por un instante, una figura de furia contenida en medio del ambiente estéril del hospital. Llevaba su bata de médico, arrugada y manchada con algo que parecía café. Su pelo estaba recogido en una coleta desordenada, como si se lo hubiera hecho sin mirarse en un espejo.

Sus ojos, normalmente llenos de una inteligencia cálida y compasiva, estaban rojos e hinchados por el llanto. Pero debajo del dolor, ardía algo más. Una furia helada. Una rabia tan pura y concentrada que pareció bajar la temperatura de la habitación.

Caminó directamente hacia él. Sus pasos no eran los de una amiga preocupada. Eran los de una fiscal que se acerca al estrado de los testigos. Cada paso era una acusación.

Julian se enderezó, apartándose de la ventana. Se preparó instintivamente, reuniendo los restos de su habitual autoridad. Abrió la boca para hablar, para decir su nombre, para ofrecer alguna palabra vacía de consuelo o explicación.

Pero ella no le dio la oportunidad.

—No te atrevas a decir una palabra —siseó.

Su voz no era un grito. Era un susurro bajo, tembloroso, que cortaba el aire con la agudeza del cristal roto. Se detuvo a un metro de él, su cuerpo vibrando de una ira apenas contenida.

Él cerró la boca, sorprendido por la ferocidad de su ataque.

—Ella está ahí dentro, luchando por su vida, porque la convertiste en un objetivo. La hiciste tan visible y tan vulnerable que tus enemigos, los monstruos que tú creaste, vinieron a por ella.

Se acercó un paso más, su rostro a centímetros del de él. Julian podía oler el olor a café y a antiséptico de su ropa, el olor de una noche de trabajo y de llanto.

—Nada de esto habría pasado si no fuera por ti —susurró, y la verdad de la acusación fue absoluta, ineludible—. Ella podría estar a salvo. Podría ser libre. Podría estar viva.

La palabra "viva" quedó suspendida en el aire entre ellos, una posibilidad que se desvanecía, una condena.

—Así que no finjas que estás de luto. No tienes derecho. La única razón por la que estás aquí es porque tu inversión más valiosa podría depreciarse.

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