A la mañana siguiente, Ava se despertó con la luz del sol inundando el dormitorio. Se giró.
El otro lado de la enorme cama estaba vacío. Las sábanas estaban frías y sin arrugar.
Julian no había vuelto a casa.
Una nueva clase de vacío se instaló en su pecho. No era solo soledad. Era abandono.
Se levantó y se puso una bata de seda. Caminó descalza por el apartamento silencioso.
Todo estaba exactamente como lo había dejado. No había señales de que él hubiera entrado durante la noche.
En la cocina, se preparó un café, moviéndose de forma automática. El silencio era opresivo, un ente vivo en la habitación.
Necesitaba ruido. Necesitaba una distracción.
Llevó su taza al salón y cogió el mando a distancia de la enorme televisión montada en la pared. La encendió para llenar el silencio.
Pasó por los canales de noticias financieras sin detenerse. No quería pensar en el mundo de Julian.
Se detuvo en un canal de noticias de entretenimiento matutino. Los presentadores parloteaban alegremente sobre los últimos cotilleos de las celebridades.
Era ruido de fondo. Perfecto.
Se sentó en el sofá y dio un sorbo a su café, mirando la pantalla sin verla realmente. Estaban hablando del estreno de una película.
Hacía frío, y Seraphina se frotó los brazos. Julian se quitó el abrigo y, con un gesto tierno y protector, se lo colocó sobre los hombros.
Era un gesto que Ava nunca había recibido. Un gesto que él reservaba para otra persona.
El titular en la parte inferior de la pantalla lo decía todo, en letras grandes y chillonas.
"EL MAGNATE JULIAN STERLING REAVIVA SU AMOR DE JUVENTUD CON LA ESTRELLA SERAPHINA VANCE".
Ava se quedó mirando la pantalla. Las sonrisas. La intimidad. La mentira.
Sintió un temblor que empezaba en sus dedos y se extendía por todo su brazo. La taza de café de porcelana vibraba en su mano.

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